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LA RUTA DEL ARQUITECTO DE CARLOS III

Sabatini, el rastro de Madrid

Toda exposición es, antes que nada, un paseo. La contemplación se convierte en muchos casos en el único aliciente y beneficio que el ciudadano consigue con su atrevimiento de salir de casa. Hoy la ruta conduce a una exposición que los habitantes de Madrid contemplamos todos los días al recorrer la ciudad.Francisco Sabatini (Palermo, 1722) fue el gran impulsor de la modernización urbana y arquitectónica de la corte, cuando Madrid era un poblachón de Iodos y aguas volanderas. Doscientos treinta y tres años después de la llegada del siciliano, el madrileño puede contemplar en la Real Academia de Bellas Artes, y en Aranjuez, la muestra Sabatini, la arquitectura del poder. A través de ella se pueden seguir los esfuerzos teóricos de Sabatini y sus colaboradores para imaginar y fabricar los elementos urbanos y los edificios que hoy son carácter de una ciudad que quiere identificarse con las modernas urbes de cristal. Para el ciudadano sin especiales conocimientos de arquitectura o urbanismo, el espectáculo de alzadas y plantas se convierte, necesariamente, en una metáfora y reflexión periférica a la técnica, pero de indudable interés.

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El Palacio Real, los jardines que le acompañan, la Puerta de Alcalá, el Ministerio de Hacienda, la fachada de San Francisco el Grande, el Centro de Arte Reina Sofía, el Jardín Botánico, son edificios, monumentos o recintos que tuvieron ampliación u origen en la mente del arquitecto de Carlos III.

Obras de cartel

Para el madrileño, e incluso para la imagen exterior de la ciudad, todos ellos son emblemas que están fuera del tiempo. Cualquiera de estas obras puede pasar a un cartel, e inmediatamente, para todos, la imagen tiene un significado: Madrid. Éste es el poder de la arquitectura, que de manera paradójica da la vuelta al título de la exposicion.

La muestra, basada fundamentalmente en documentos de archivo -planos originales, textos descriptivos, grabados de época-, es, además de una conmemoración oportuna, un recuerdo del esfuerzo técnico y de imaginación que fue necesario para llevar a cabo la modernización de la ciudad. Un homenaje no sólo a Sabatini sino a una época en la que España se enfrentó al desafío del porvenir. Otros nombres (Jovellanos, Ventura de la Vega, Feijoo) viven en el entramado de símbolos que se cruzan con el visitante.

Cuando se contempla en el Centro de Arte Reina Sofía (antiguo Hospital General) las obras más vanguardistas del arte contemporáneo, es oportuno recordar cuándo nació el espacio que las acoge, y quien lo ideó: aquel que vio rodeada su casa por la turba en el motín que lleva el nombre de su amigo Esquilache, y que, como él, tuvo el atrevimiento de desembozar el rostro de Madrid

Sabatini, la arquitectura como metáfora del poder en Real Academia de Bellas Artes (Alcalá, 3). Hasta 15 de diciembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de noviembre de 1993