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La fiebre del dólar sacude Cuba

Los primeros efectos de las reformas económicas anunciadas por el presidente cubano el pasado 26 de julio no se han hecho esperar. Sólo unas horas después de que Castro afirmase que la tenencia de dólares no sería delito, cientos de cubanos se lanzaron sobre los santuarios del dólar ansiosos por comprar. La medida no era todavía legal, y los beneficiarios eran una minoría. Sin embargo, el asedio sobre las tiendas para extranjeros fue tan grande que las autoridades comunistas tuvieron que pedir calma, advirtiendo que las nuevas medidas se deben aplicar "dentro del orden y la legalidad".La fiebre del dólar estalló en La Habana con los primeros rayos del sol. Nadie había dicho que los cubanos podían comprar ya libremente en las tiendas, pero la catedral del picadillo (mercado para diplomáticos) apareció cercada desde muy temprano el pasado 27 de julio por decenas de bicicletas y viejos automóviles Plymouth, Chevrolet y Buiks 1958, con matrícula de provincias. La mayoría de sus dueños entraban ya antes asiduamente al establecimiento, pero siempre acompañados de un amigo extranjero. Ese día esperaban entrar por propio derecho.

La situación era igual en las demás tiendas de La Habana. En Quinta y 42, unos grandes almacenes situados en el barrio diplomático de Miramar, los porteros seguían pidiendo el carné reservado a los extranjeros residentes en la isla y a algunos cubanos privilegiados por razones de trabajo. Sin embargo, en el aparcamiento, el número de coches Lada y Moscovich de cubanos había aumentado, y ese día las ventas crecieron sensiblemente. Dentro, los habaneros que pagaban sin miedo con sus dólares, algo que hace poco les hubiese costado ir a la cárcel. El gerente de la tienda Panamericana, Eugenio Rodríguez, aseguraba que nadie le había notificado oficialmente que los cubanos podían comprar con dólares, si bien creía que la medida era de aplicación inmediata.

Peligro de avalancha

La fiebre del dólar se impuso con tal fuerza que las autoridades intervinieron ante el temor a una posible avalancha. Así, a mediados de la semana pasada, el Partido Comunista de Cuba (PCC) pidió paciencia a "todos aquellos que han acudido a las tiendas para adquirir productos con divisas convertibles" e indicó que ya se estaba creando una "red de tiendas" adecuada para satisfacer la demanda. El PCC reconoció además que "la mayoría de la población no tendrá posibilidades de acceso a las divisas convertibles", por lo cual se debían "revisar los precios de venta para que los ingresos netos pertinentes beneficien a toda la población".Efectivamente, la despenalización sólo afecta a una minoría de la población. Se calcula que menos del 5% de los cubanos tiene derecho a disponer de dólares: funcionarios, deportistas, intelectuales, artistas y otros ciudadanos que cumplen misiones en el extranjero, así como los beneficiarios de herencias y la gente que puede viajar al exterior. Sin embargo, economistas cubanos estiman que en el mercado negro se mueven actualmente más de 100 millones de dólares.

"Todo este dinero duerme bajo las almohadas de jineteros, reyes del mercado negro, delincuentes, prostitutas y algunos campesinos ricos que compran dólares", admitía un funcionario cubano.

"La despenalización del dólar es un barómetro de lo que sucederá en Cuba de ahora en adelante'' sugería un diplomático occidental. Las agujas de este barómetro marcan tormenta, pues 10 días después del discurso de Castró los efectos son alarmantes. Los campesinos sólo venden sus productos a particulares en dólares, y lo mismo empieza a ocurrir con todos los que ofrecen algún servicio.

La dolarización sólo acaba de comenzar. Dentro de poco, los cubanos podrán abrir cuentas en dólares y otras cinco monedas extranjeras y comprar en todas las tiendas de turistas y otras 40 que se abrirán en toda la isla, eso sí, con precios hasta un 50% más caros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de agosto de 1993