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EL FUTURO DE EUROPA

Delors propone un Libro Blanco contra la crisis

González aboga por la reduccikón urgente de los tipos de interés y la flexibilización del mercado de trabajo

ENVIADO ESPECIAL El presidente de la Conúsión Europea, Jacques Delors, intentó ayer en Copenhague ante el Consejo Europeo repetir una jugada histórica. En 1985, nada más llegar a Bruselas, lanzó el Libro Blanco sobre el mercado sin fronteras de 1993, aprobado en mayo en la cumbre de Milán, y presidió la época de mayor posperidad de Europa. Ahora, desde el fondo de la crisis, propone otro, dedicado a esbozar la estrategia europea para crear empleo y salir de la recesión antes de fin de siglo. Los primeros ministros de los Doce acogieron muy favorablemente la propuesta de esta nueva acta única, que probablemente se convertirá en una de las conclusiones de la cumbre, pero por si acaso demostraron casi unánimemente que ya hay acuerdo en aspectos elementales, como que es necesario disminuir los costes laborales y aumentar la flexibilidad del mercado de trabajo.

La salida del europesimismo de principios de los ochenta se produjo por la conjunción entre una idea ilusionante, el mercado único del 1 de enero de 1993, y la llegada de sangre nueva, con la incorporación de Grecia, Portugal y España a la CE. Según Delors, el final del túnel de la actual recesión necesita también de una ampliación como la que se está negociando pon Austria, Finlandia, Suecia y Noruega y de una nueva mística, que no ha podido proporcionar el Tratado de Maastricht y el horizonte de la Unión Económica y Monetaria. El presidente de la Comisión quiere que la nueva ilusión que movilice a los europeos sea la renovación de la economía y la solución a la lacra del desempleo, que afecta ya a 17 millones de europeos.Las debilidades de la CE respecto a Estados Unidos y al Japón son tremendas, al decir del propio Delors ante los Doce. El crecimiento económico no genera apenas puestos de trabajo, pues éstos son destruidos en cada época de crisis. EE UU ha creado en los últimos 20 años casi 30 millones de puestos de trabajo, Japón casi 12 millones y la CE no llega a 9 millones. El diagnóstico general, compartido inmediatamente por el primer ministro británico, el conservador John Major, es que las economías europeas no son competitivas y no hacen más que perder partes del mercado mundial.

Costes diferentes

Major documentó la diferencia de costes de la mano de obra: en Europa crecieron a un ritmo del 4% anual a lo largo de toda la pasada década, en EE UU un 1% y en Japón nada. Los costes son un 20% superiores en la CE que en las otras dos potencias comerciales. "Nos estamos situando fuera del mercado mundial", aseguró el presidente de la Comisión. Major rechazó "el retorno a las condiciones industriales del siglo XIV' o los niveles salariales asiáticos como soluciones a esta crisis. Propugnó, sin embargo, la eliminación de varias directivas (tiempo de trabajo, derechos adquiridos, trabajo de los jóvenes y trabajo a tiempo parcial) y pidió que cualquier medida de la CE sea analizada antes de su aprobación desde el punto de vista de la competitividad.

Delors propone ocho líneas estratégicas. La primera significa completar el Mercado Unico y mantener la Unión Económica y Monetaria, cuestión en la que obtuvo el apoyo británico. A este propósito, Major aseguró que "sería un error relajar los criterios de Maastriclit". "Las cifras de Maastricht apuntan en la buena dirección y cambiar significaría dar a los mercados un mensaje incorrecto", añadió. En segundo lugar, Delors sugiere convertir la CE en un socio abierto en el comercio mundial, mediante la finalización de la Ronda Uruguay del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio) y la creación de la Organización Mundial de Comercio. Propugna también que los Doce aumenten un punto sus gastos en investigación y desarrollo, desde el actual 2% del PIB al 3%, dediquen mayores esfuerzos a las redes de transportes y telecomunicaciones, e inviertan más de un billón de pesetas anuales en infraestructuras de información, que estimulen el trabajo a distancia desde el domicilio. En EE UU estos puestos de trabajo son ya seis millones y crecen a una velocidad de un 10% anual.

Las tres últimas líneas estratégicas del nuevo plan Delors para el empleo implican una reforma del sistema educativo, un nuevo modelo de desarrollo que permita disminuir los costes laborales y aumentar la productividad y la realización de más políticas activas para luchar contra el paro, principalmente el juvenil y de larga duración.

El debate abierto ayer por Delors promete ocupar los próximos años de la política económica y social europea y se resume en una sola pregunta: ¿Es posible colocar a Europa a la altura de EE UU y Japón en competitividad sin renunciar a las conquistas sociales europeas?

Major ya contestó, discretamente, en una clara apuesta por limitar el Estado de bienestar y eliminar la Carta Social Europea. Delors aseguró, en cambio, que su propuesta va dirigida, precisamente a asegurar ambas cosas: competitividad y protección social.

El presidente del Gobierno español, Felipe González, calificó de buen diagnóstico el trabajo presentado por Delors, pero insistió en la necesidad de medidas urgentes y a corto plazo que frenen la sangría en el empleo. Propuso bajar de forma inmediata los tipos de interés, flexibilizar el mercado de trabajo, favorecer la moderación salarial y persistir en la convergencia económica, principalmente en lo que atañe a la contención del déficit público. Entre las medidas concretas sugeridas figuran los contratos de aprendizaje y el trabajo a tiempo parcial, como sistema de reparto del trabajo disponible. Propugnó también mayor movilidad funcional y geográfica.

Respecto a las medidas a corto plazo, el propio Delors propuso una bajada de los tipos de interés, aunque destacó que importaba más la rapidez que la cantidad. Sólo el canciller alemán, Helmut Kohl, evitó hablar de la bajada de tipos, que fue apoyada por prácticamente todos los asistentes.

El presidente de la Comisión presentó un conjunto de medidas de aplicación inmediata para favorecer la recuperación del crecimiento, en forma de más créditos del Banco Europeo de Inversiones, créditos puente para avanzar las inversiones de los fondos estructurales y formación profesional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de junio de 1993