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Francia se aleja de los objetivos de Maastricht al duplicar su déficit publico, que roza el 5% del PIB

El déficit presupuestario alcanzará este año en Francia la cifra de 341.000 millones de francos (7,5 billones de pesetas), es decir, el 4,8% del producto interior bruto (PIB), según el informe realizado para el primer ministro gaullista, Edouard Balladur, por Jean Raynaud, fiscal del Tribunal de Cuentas. Esa cifra y ese porcentaje son el doble de lo previsto en los presupuestos generales del Estado para 1993 preparados por el anterior Gobierno, el dirigido por el socialista Pierre Bérégovoy, que el pasado sábado se suicidió. En esas condiciones, Francia se aleja, en materia de déficit, de las exigencias de convergencia del Tratado de Maastricht.

A ese importante agujero presupuestario deben añadirse un déficit acumulado en las cuentas de la Seguridad Social cifrado por Raynaud a finales de 1993 en 100.000 millones de francos, y otros 36.500 millones de francos de déficit acumulado en el sistema de las pensiones de desempleo, es decir, más de tres billones de pesetas. En total, el déficit de las cuentas públicas es el equivalente al 6% del PIB. Raynaud estima que el PIB crecerá en Francia en 1993 entre el 0% y el -1%, con una hipótesis media del -0,4%. Los presupuestos para 1993 elaborados por Bérégovoy calculaban un incremento positivo del PIB del 2,6%.

Plan de saneamiento

Balladur, pues, no tiene otro remedio que dar por terminada su luna de miel con la opinión pública francesa y aprobar el próximo lunes, en una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros, un riguroso plan de saneamiento de las finanzas públicas. El primer ministro anunciará probablemente una subida de la Contribución Social Generalizada (un añadido al impuesto sobre la renta establecido en 1990 por el socialista Michel Rocard) y alzas de las tasas sobre el alcohol, el tabaco y los combustibles. También se prevén importantes recortes presupuestarios.A lo largo de la campaña electoral, Balladur y los otros líderes de la coalición de centro derecha habían anunciado que, en caso de ganar las elecciones, una de sus primeras tareas sería encargar una auditoría sobre el estado de las cuentas públicas. Así lo hizo Balladur al llegar al Hotel Matignon.

Raynaud, un especialista conocido por su independencia, fue encargado de realizar ese estudio. Una docena de personalidades de la economía y las finanzas, entre ellas Raymond Levy, presidente y director general de Renault, fueron incluidas en la comisión.

Uno de los factores que, según sus próximos, contribuyeron a la depresión y posterior suicidio de Bérégovoy fue el anuncio por Balladur de que la auditoría iba a revelar una situación "mucho más degradada" que lo previsto. Bérégovoy tenía el sentimiento de que iba a acusársele de la gravedad de los déficits del presupuesto y los sistemas de protección social, sin que hubieran sido alabados sus indudables éxitos en materia de lucha contra la inflación, mantenimiento de la fortaleza del franco y mejora de la balanza comercial.

El pasado domingo, Balladur, en señal de respeto por el trágico destino de su predecesor en Matignon, decidió aplazar unos días la presentación de la auditoría y la consiguiente aprobación del plan de saneamiento. El informe Raynaud confirmó los temores del actual Gobierno, pero su autor precisó ayer que no ha pretendido "buscar responsabilidades o abrir ningún proceso contra nadie". Raynaud subrayó que "la recesión mundial", al reducir los ingresos fiscales previstos y aumentar los gastos destinados a la atención a los parados, es, en gran medida, responsable del mal estado de las finanzas públicas francesas.

Los ingresos, según el estudio de Raynaud, disminuirán este año 120.000 millones de francos en relación a lo previsto en los presupuestos generales del Estado y los gastos se incrementarían en 54.500 millones de francos.

La emocionada reacción de la opinión pública francesa al suicidio de Bérégovoy ha arrebatado a Balladur uno de los argumentos que pensaba utilizar para hacer tragar a los franceses el incremento de la presión fiscal y las otras duras medidas que va a proponerles: la acusación del Gobierno precedente. El primer ministro gaullista tiene ahora que medir las palabras que emplea al referirse a la herencia dejada por los socialistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de mayo de 1993

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