Ritmo cálido
Ciudad Jardín es una banda atípica en el panorama nacional. Ocho discos en ocho años y con un público que, aunque minoritario, se mantiene fiel a las imágenes y sonidos casi oníricos de sus artífices. El comienzo fue inseguro y nervioso, sobre todo por parte de Rodrigo de Lorenzo, voz principal y alma de Ciudad Jardín, y fue derivando hacia un lado más intenso y mejor ejecutado.El color y sabor de la música de Ciudad Jardín puede resultar muy contradictorio; utilizar ritmos cálidos y fusionarlos con guitarras inclinadas hacia el pop puede llevar hacia la confusión y el desorden; sin embargo, la noche en Aqualung se desarrolló bastante compacta y la frialdad de Ciudad Jardín apareció en escasas ocasiones.
Ciudad Jardín
Sala Aqualung Universal. 700 personas. Precio: 1.200 pesetas. Madrid, 29 de abril.
Dos teclados, dos guitarras, un bajo tocado con formas funk, la batería repleta de elementos y, sobre todo, los coros ingeniosos, compenetrados y efectivos, son la forma más definida en el estilo de Ciudad Jardín. La voz frágil y tímida de Rodrigo resalta y toma carácter a través de los coros de Carlos Hens y Miguel Morat, que proporcionan viveza y detalle a una música, por sus peculiaridades, muy trabajada.
Para Ciudad Jardín era una noche importante, el lugar y el momento idóneos para atraer adictos y seguidores; el desarrollo del concierto permitió conocer más a fondo el espíritu de una banda calificada de original. Los temas más sabrosos aparecieron hacia el final del concierto: Atún y algas, Miren a mi mulo, Beber y bailar, La piel del cocodrilo, Dame calidad, obtuvieron la respuesta del público ofreciendo una noche generosa.


























































