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Un informe internacional apunta un defecto básico de seguridad en seis centrales nucleares españolas

Un informe elaborado por un grupo de técnicos de Francia y Alemania, para Greenpeace Internacional llega a la conclusión de que 165 grupos nucleares de agua a presión de todo el mundo, entre ellos seis españoles, tienen una alta probabilidad de vulnerar una de las normas básicas de seguridad que aplica la propia industria nuclear, concretamente el leak before break (escape antes de ruptura). Por este motivo, Carlos Bravo, de Greenpeace España, instó ayer al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) a ordenar la paralización de esos seis reactores, al presentar en Barcelona el informe.

Los grupos españoles susceptibles de estar afectados son los dos de Ascó y el de Vandellós2, en Tarragona; los dos de la central extremeña de Almaraz, y el de Zorita (Guadalajara).El problema analizado es el de las fisuras en la vasija del reactor, detectado por primera vez en septiembre de 1991 en el grupo tres de la central francesa de Bugey. Desde esa fecha hasta este momento, lo que inicialmente podía ser un incidente aislado de un reactor concreto se ha convertido en un problema generalizado susceptible de afectar a 165 grupos nucleares de todo el mundo: todos los que utilizan reactores de agua a presión cuyos conductos de penetración en la tapa de la vasija (los tubos por los que se desplazan las barras de control) son de Inconel 600, una aleación de hierro y níquel.

La importancia del problema, sin embargo, no es sólo debida a la posibilidad de que afecte a la mitad de las centrales del mundo occidental. El informe atribuye a un responsable de Électricité de France (EDF, propietaria de las nucleares francesas) la afirmación de que las Esuras detectadas son "el problema más grave" que ha debido afrontar el programa nuclear francés ya antes de localizarse las fisuras más preocupantes.

Agrietamiento circular

En un primer momento se apreció la posibilidad de que se produjeran grietas longitudinales, relativamente controlables, pero en diciembre pasado, y después de ser analizada con mayor profundidad la conducción defectuosa del reactor de Bugey-3, fue detectado "un incipiente agrietamiento circular". La aparición en condiciones de operación de una fisura de este tipo podría producir "una grave y repentina ruptura en el circuito primario", según subraya Greenpeace, por lo que la eventualidad de que ese problema se manifieste, supone una vulneración del principio de escape antes de ruptura, básico en la normativa de seguridad nuclear.Los autores del informe son los físicos Norbert Meyer y Detlef Rieck, que trabajaron como especialistas en comportamiento de materiales en la central alemana de Greisfwald hasta 1990; Helmut Hirsch y Thomas Panten, físicos de la consultoría medioambiental alemana Oekologie; y Mycle Sclineider, director del Servicio Mundial de Información sobre Energía, con sede en París.

La preocupación que ha creado la detección de las fisuras en Bugey-3 es debida a que este deterioro se produce en el punto clave del área nuclear: el reactor. Problemas de corrosión bajo tensión en tubos de Inconel 600 fueron detectados ya hace años en los generadores de vapor de Westinghouse, lo que ha hecho necesarios programas para sustituirlos en numerosas centrales, incluidas las de Ascó y Almaraz.

Si las fisuras en los generadores han ocasionado algunas fugas radiactivas hacia el circuito secundario, las fisuras en el propio reactor podrían ser causa de vertidos dentro del edificio de contención del reactor (totalmente aislado del exterior). Ése sería el supuesto mínimo, según el ecologista Carlos Bravo, que apuntó como supuesto máximo -en el caso de que las barras de control se vieran afectadas- "la fusión del núcleo, como sucedió en Chernóbil, al ser levantadas las barras de control".

Los técnicos del sector nuclear siempre han subrayado, sin embargo, que la fusión del núcleo del reactor no comportaría en las centrales occidentales una catástrofe como la de Chernóbil, sino un accidente como el de Harrisburg, gracias a los sistemas de contención de que disponen esas plantas.

El informe de Greenpeace señala que EDF ha hecho una revisión completa de 10 tapas de reactores y ha detectado fisuras en ocho. En revisiones parciales de otras ocho, se han hallado grietas en cinco.

El Consejo de Seguridad Nuclear ha ordenado que Ascó-1 y Almaraz-1 sean revisadas en sus próximas recargas, previstas para junio y septiembre. Carlos Bravo, sin embargo, considera que es "una irresponsabilidad" no paralizar las seis centrales implicadas para proceder a la revisión. El CSN, informa Efe, replicó diciendo que no iba a adelantar el programa de revisión porque no hay "un peligro inminente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de marzo de 1993

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