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El filósofo Leo Löwenthal muere a los 92 años en California

Con la muerte en California, a los 92 años, de Leo Löwenthal desaparece el último superviviente de aquel grupo de amigos que formaron y dieron fama a eso. que hoy conocemos como la Escuela de Francfort, a la que denominaron, en los años fundacionales, algo maliciosamente, como el Café Marx.Löwenthal fue parte del núcleo duro del Instituto de Investigación Social, formado por Adorno, Horkheimer, Marcuse, y Pollock. Al contrario que Adorno o Horkheimer, L5wenthal no regresó, tras la guerra, a Alemania, y permaneció en la emigración americana, donde fue catedrático de las universidades de Standford y Berkeley.

Con su muerte no sólo desaparece un pensador de relieve sino que la escuela se vuelve historia. Pues con él desaparece el último de lo que fue aquel tipus del intelectual judío francfortiano y también de lo que fue aquel pensamiento marcadamente elitista y duro, que no hacía concesiones a ninguna galería y que, cuando se ven las últimas apariciones públicas de Löwenthal, parece provenir de una galaxia ya no existente.

Cultura de masas

Que Löwenthal haya sido mucho menos conocido que Adorno, Marcuse o Horkheimer es comprensible y paradójico a un mismo tiempo, en la medida en que su obra no tiene, quizá, la originalidad filosófica de la de los otros. Lo que no debería llevar a infravalorar la importancia práctica y teórica de su aportación al instituto: es el responsable, como él mismo resaltaba con orgullo, de que Erich Fromm se integrase en el grupo, y el psicoanálisis se reforzase así como instrumento de análisis.Famosos y magníficos son muchos de sus estudios sobre la historia, la sociología y la filosofía de la literatura. De la mano de autores de biografías tan famosos y leídos como Ludwig Emil o Stefan Zweig, Löwenthal analiza la cultura popular. En esas biografías descubre el fenómeno de la identificación impotente de los individuos con las grandes figuras históricas; se revela por ahí otro fenómeno determinante de la cultura burguesa: la perversión de la particularidad individual en nombre de cualquier generalidad. Persigue Lówenthal así el análisis de la cultura de masas, o la crítica de la producción de palabras. Análisis fundamentado en un axioma: el arte es una cosa y los objetos de consumo cultural otra muy distinta.

Toda esa filosofía de la literatura no es más que el resultado de aplicar a la literatura el aparato teórico del instituto: el análisis crítico implacable de lo existente. Por decirlo con una hermosa fórmula de Adorno, "la perenne reclamación de lo particular contra lo general". En ese sentido, Löwenthal siempre recalcó que la Escuela de Francfort más que un sistema fue la perspectiva de dar a luz una racionalidad crítica distinta y superior a la racionalidad instrumentalizada e instrumentalista triunfante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de enero de 1993