Crítica:45º FESTIVAL DE CANNESCrítica
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Terence Davies cierra un doloroso ciclo de cine autobiográfico

El cineasta británico Terence Davies, que saltó a la celebridad hace tres años con Voces distantes, cierra en The long days closes un complicado, doloroso, conmovedor, progresivamente más bello y estilísticamente cada vez más refinado, ciclo de cuatro películas autobiográficas. El filme es un ascético poema visual introspectivo, y tiene tanta capacidad de captura que creó ayer uno de esos silencios audibles que raras veces se producen en una sala de cine, como si la gente no respirarara. Mientras tanto, fuera ya de las pantallas, el filme español El sol del membrillo confirma su energía polémica y la radicalidad de la aventura estética y ética que propone.

Terence Davies, último hijo de un matrimonio de obreros católicos de Liverpool tuvo 10 hermanos. Tres de ellos murieron jóvenes. Los otros siete sobrevivieron a la miseria de la victoria británica en la posguerra mundial y se hundieron en el anonimato de su clase.Sólo Terence, un niño asaltado por las pesadillas, por la soledad, por el fantasma de su padre muerto, por sus inclinaciones a la melancolía y por un apasionado amor a su madre, escapó de la informe masa humana de donde nació y emergió solitario en busca de una identidad no únicamente colectiva. Desde niño llevó en el carácter el sello del artista, del hombre distinto a los otros.

Desde que tuvo conciencia de sí mismo, Terence Davies se sintió diferente a quienes le rodeaban. Creció, se hizo adulto y desde la persistente conciencia de su diferencia, quiso convertir a ésta en distinción, buscando los orígenes de su singularidad en la frágil armonía que vivió en su infancia.

Esa infancia es la materia de las cuatro películas autobiográficas -La madonna y el niño, Muerte y transfiguración, Voces distantes y ahora The long days eloses- que, producidas por el British Film Institute, componen la totalidad de su filmografía.

"Odio mi homosexualidad"

Terence Davies expresa con dura explicitud y alguna tortura, el trasfondo introspectivo y lírico de su cine. Dijo ayer al diario Libération: "En mi país la homosexualidad ha sido un crimen hasta 1965. Ya no es un delito, pero sigue siendo una desgracia y una desgracia cada vez mayor a medida que pasa el tiempo. Odio mi homosexualidad, la he odiado siempre y continuaré odiándola. Cuando era adolescente no comprendía lo que me ocurría. Me encontraba abrumado por la enormidad de mi pecado y rezaba y me ponía de rodillas hasta hacerme sangre en ellas."A los 22 añoss continúa, "decidí acabar con todo ello y dejé de preocuparme de Dios. Pero uno puede librarse de Dios, pero no del catolicismo. Sigo sin atreverme a decir una mentira y continuamente me encuentro culpable, culpable de cualquier cosa, culpable de todo".

Asegura Terence Davies que The long days closes es el último capítulo de este tortuoso, atormentado y obsesivo ciclo autobiográfico. Dado el acabamiento formal casi preciocista de la película, su palabra es creíble: parece una laboriosa despedida.

Davies anuncia que su próximo trabajo será todo lo contrario de lo que hasta ahora ha hecho: una película policiaca de estilo clásico, rodada en Nueva York.

Esta intención del cineasta tiene todo el aspecto de un simple deseo de liberación. Su cine es tan personal que le pesa, que en sus palabras le abruma. Y es comprensible que quiera deshacerse de él, pese a la enorme belleza que alcanza.

Y van llegando poco a poco ecos de la repercusión de El sol del membrillo, la película española de Víctor Erice sobre el pintor Antonio López, que compite este año en Cannes 92. Como era previsible, el filme sigue provocando una división bastante radical de opiniones en la crítica internacional. En el panel de calificación de la revista Moving Pictures -que puntúa del 0 al 10-, oscila entre el 1 del crítico alemán del Frankfurter Allgemeine y el 9 del francés Gérard Lefort, del periódico Liberation.

En el panel de la revista Screen lnternational -que puntúa del 0 al 4- oscila entre el 0 (equivalente a mala película) del belga Terneran y los 4 (que equivalen a excelente película) del crítico británico de The guardian, Derek Malcolm; y el de la revista francesa Positif, Michel Ciment.

Erice,de nada a todo

Y en el panel de la revista Le film françaíse, que califica de 0 a 3, oscila entre el 0 que le da el crítico de France-Soir y los 3 puntos que le conceden Cahiers de Cinema, Liberation, Le Monde y Le Quotidien de París.Es decir: unos, nada y otros todo, con mayor inclinación hacia las admiraciones que hacia los rechazos, como corroboraron ayer los entusiastas elogios a la película de Erice de un competidor suyo: el norteamericano Robert Altman; y de un gran cineasta francés, Bertrand Tavernier, que ante las cámaras de la televisión francesa afirmó rotundamente que hasta el momento El sol del membrillo es la mejor película de todas cuantas se han exhibido en la sección oficial de Cannes 92.

["Lo que me ha emocionado", dijo, Tavernier, "es la concepción de la película. Es la cinta más acabada, más profunda y más extraña que he visto en el festival".]

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0013, 13 de mayo de 1992.