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Tayikos contra pashtunes

Najibulá, nacido pashtún, ha ejercido como tal durante los 44 años que tiene de vida y ha sido precisamente esa defensa a ultranza de su etnia la que se perfila como la razón última de su fracaso al frente de Afganistán.El comandante guerrillero Ahmed Sha Masud, tal vez el tayiko con más prestigio de todo el país, ha sido quien finalmente ha avanzado sobre Kabul para intentar derrocar al hombre que dirigía un régimen contra el que había luchado desde las montañas del noreste afgano durante los últimos 13 años.

Najib, como le llamaban todos los afganos, se empeñó en rodearse de pashtunes hasta el último momento. Éstos ascienden al 50% de la población de Afganistán -algo más de 15 millones de personas- frente a un 30% de tayikos. Han gobernado el país desde la antigüedad, pero el cansancio del dominio pashtún ha cobrado fuerza en los últimos años y, con Masud a la cabeza, ha aguardado el momento de poner fin a un régimen que se desmoronaba mientras otro foco de poder se consolidaba en el noreste afgano, al amparo de las nuevas repúblicas asiáticas -como Tayikistán y Uzbekistán- surgidas del desmoronamiento de la URSS.

La caída de Jost

El fin del imperio de Najib lo anunció la primavera pasada la pérdida de Jost, una importante ciudad pashtún del sur del país. Este año, Badajshán (en el noreste) cayó en manos de Masud, pero fue la conquista por la guerrilla de de Mazar-i-Sharif, en marzo pasado, la que dio un cambio radical a la situación.

En esta bella ciudad del noreste se aliaron Masud y varios generales tayikos y uzbekos. Esta coalición, en la que jugó un importante papel el antiguo jefe de la milicia gubernamental general Abdul Rashid Dostam, es la que avanzó el miércoles sobre Kabul.

El futuro inmediato es una incógnita. El radical Gulbudin Hekmatiar, líder de Hezbi Islami y pashtún, ha situado a sus guerrillas al sur de Kabul. Hekinatiar, exilado en Pakistán, tiene tras de si una buena organización política y quiere convertir a Afganistán en un país gobernado por la ley coránica.

Masud nunca abandonó Afganistán, acampó sin miedo en sus altas montañas y tiene la guerrilla mejor formada de las siete que se han opuesto a Najibulá.

Los hazaras, que suman el 15% de la población y habitan la meseta central afgana, están más próximos a los tayikos que a los pashtunes. En el necesario juego de alianzas se decantarían, posiblemente por un régimen de minorías, no sólo por el cansacio de la opresión pashtún, sino también porque son shiíes y Hekmatiar es un profeta suní, reacio a las concesiones, y mucho menos a las religiosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de abril de 1992