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NUEVOS DATOS SOBRE LA RELACIÓN DIETA Y ENFERMEDAD

Las vitaminas, más que un reconstituyente

Recientes investigaciones descubren que estas sustancias también previenen enfermedades

Nueva York
La ciencia médica ha considerado en los últimos años que las cuestiones básicas de la investigación vitamínica estaban resueltas y que sus principales beneficios eran prevenir enfermedades carenciales como el raquitismo y el beriberi. Sin embargo, estudios recientes están descubriendo que la mayoría de las vitaminas, desde la A y la K y todas las subvariantes intermedias, tienen una función mucho más fundamental y a largo plazo en la prevención de enfermedades de lo que se había sospechado. Lo cual no debe inducir, según advierten los propios investigadores, a tomar complejos vitamínicos sin control, pues algunas vitaminas también pueden tener efectos tóxicos.

Recientes investigaciones indican que las vitaminas influyen en la salud y vitalidad de prácticamente todos los órganos y de que esas enigmáticas formas químicas pueden ayudar a detener e incluso invertir el curso de muchas enfermedades, como determinados cánceres, afecciones cardiacas, osteoporosis, deficiencias del sistema inmune, neurodegeneraciones y otros desórdenes crónicos. Pero los científicos advierten que los resultados son muy preliminares y que, en altas dosis, algunos compuestos, como las liposolubles vitaminas A y D, pueden ser tóxicos.Algunas investigaciones empiezan a explicar por qué razón el cuerpo se preocupa tanto por absorber las vitaminas de los alimentos. Los investigadores habían sospechado que ciertas vitaminas, especialmente la E, la B y el caroteno beta, pueden ayudar a prevenir el cáncer. Pero recientemente se ha descubierto que esas vitaminas, del grupo de los compuestos antioxidantes, pueden combatir también las enfermedades cardiovasculares. Se han observado que las vitaminas antioxidantes evitan que el cuerpo convierta el normalmente inocuo colesterol en una forma espesa y reactiva que puede obturar las arterias y posibilitar un ataque cardiaco.

Mediante complejas pruebas bioquímicas, Ishwarlal Jialal, del Centro Médico de la Universidad del Suroeste de Tejas, en Dallas, ha descubierto cómo las vitaminas antioxidantes inhiben el crecimiento de las gruesas placas grasas características de la arterioesclerosis. Él y sus colegas descubrieron que, cuando mezclaban lipoproteínas de baja densidad, el tipo potencialmente pernicioso del colesterol, con vitaminas C, E o con caroteno beta en un tubo de ensayo, evitaban radicalmente la transformación de ese colesterol en su peligrosa forma oxidada.

Las vitaminas también evitaban que la lipoproteína fuera absorbida por los leucocitos, que con frecuencia es un paso inicial para la formación de placas escleróticas en las arterias.

La E no es peligrosa

Jialal ha terminado un estudio en el cual a algunos voluntarios sanos se les suministraron dosis de vitamina E equivalentes a unas 100 veces la dieta recomendada en EE UU, unos ocho microgramos diarios, en tanto que a otros se les proporcionó un placebo. Descubrió que la vitamina E, a pesar de ser liposoluble y, por tanto, capaz de almacenarse en los depósitos grasos del cuerpo por un periodo de tiempo desconocido, no parecía ser peligrosa, incluso a dosis altas.Varios días más tarde se extrajo sangre a los voluntarios y se aislaron muestras de su lipoproteína de baja densidad para someterlas a un tratamiento de oxidación. Entre los que habían tomado la vitamina E, el colesterol parecía protegido contra la oxidación al tipo más peligroso, con una tasa de oxidación de la lipoproteína de solamente la mitad que en el caso de los que habían tomado el placebo.

Otras vitaminas, especialmente el ácido fólico, parecen contrarrestar el cáncer al fortalecer los cromosomas y quizá evitar que virus peligrosos se infiltren en las células y desarrollen un tumor. Por razones todavía desconocidas, el ácido fólico también reduce drásticamente la tasa de defectos de nacimiento del tubo neural.

En un estudio dado a conocer en julio pasado, los investigadores mostraron que las mujeres embarazadas que habían tomado suplementos de ácido fólico corrían un riesgo mucho menor de que sus hijos nacieran con deformidades del tubo neural como espina bífida y anencefalia, un defecto mortal porque falta gran parte del cerebro.

En ancianos

Por otra parte, altas dosis de vitamina E administradas a pacientes ancianos estimulaban el crecimiento de leucocitos activos e incentivaban la producción de moléculas inmunes. "Solíamos pensar que las vitaminas eran solamente aquello que se necesita para prevenir deficiencias a corto plazo", dice Simin N. Meydani, del Centro de Investigación de la Nutrición Humana con el Envejecimiento de la Universidad de Tufts, en Boston. "Ahora estamos empezando a considerar cuál es la cantidad óptima de vitaminas para prevenir enfermedades asociadas con la edad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de abril de 1992