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El choque entre economía y cultura genera racismo, según Alain Touraine

El contraste entre la internacionalización de los intercambios económicos y la voluntad de determinados sectores de la sociedad de conservar la propia identidad cultural, lingüística o religiosa, está generando movimientos xenófobos o racistas y disgregando a la sociedad, aseguró ayer en Barcelona el sociólogo francés Alain Touraine. "La radicalización entre la economía y la cultura está rompiendo la unidad de la sociedad industrial", afirmó Touraine en unas jornadas sobre pobreza e inmigración.El sociólogo galo subrayó que en la actualidad ya no se puede hablar de países ricos y países pobres, ni de Norte y Sur como categorías económicas localizadas geográficamente. Por el contrario, dijo, el Tercer Mundo se encuentra en el seno mismo de los países desarrollados.

Touraine explicó el auge del integrismo islámico como una respuesta a la homogeneidad de los sistemas económicos y justificó el aumento de los movimientos racistas en Francia por el miedo de la población a perder su propia identidad.

"Los políticos franceses han sido incapaces de elaborar un discurso en el que se proteja la identidad del país y, a la vez, se establezca un diálogo respetuoso con la cultura de los inmigrantes", señaló. "Así hemos llegado a que casi la mitad de los franceses vean un peligro en los inmigrantes norteafricanos".

Policía y guetos

La policía es la primera instancia que impide el establecimiento de un diálogo respetuoso, dijo Touraine, ya que actúa siempre como elemento represor. Y también, añadió, "los poderes económicos y administrativos, que aislan a estos colectivos en auténticos guetos". De esta manera, agregó, se crean sociedades diametralmente opuestas y cada vez más radicalizadas en sus posiciones encontradas dentro de las mismas zonas geográficas."La idea de lucha entre las clases sociales concebida en el siglo pasado ha desaparecido", explicó Touraine. "El rico ya no es el enemigo del pobre, sino que son los mismos pobres los que se enfrentan entre sí. Los gobiernos han sustituido la voluntad de distribuir la riqueza por el asistencialismo, por una nueva forma de caridad". Para el sociólogo, la democracia "abierta" es el unico sistema válido para llenar el vacío existente entre la identidad propia de un colectivo y la economía internacionalizada, dando la palabra a todos los sectores de la sociedad.

Pese a la importancia que algunas de estas comunidades marginadas han alcanzado en EE UU, Touraine no cree posible una revolución social de los pobres: "Es más fácil mantener una economía mundial con segregaciones fuertes que intentar la integración de las culturas". En Europa, el sociólogo cree que la posibilidad de enfrentamientos sociales es incluso menor que en EE UU. "En Europa, la integración social y cultural de los emigrados se está realizando mejor de lo que se cree", aseguró.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de febrero de 1992