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Crítica:TEATRO

Hombre encerrado

Hay una intención de neutralidad en este drama de Alonso de Santos. El malo del otro régimen cae bajo éste; el policía torturador, cercado por sus antiguos compañeros, pistola en mano, defiende su fortín, y monologa. Viene e explicar "los motivos del lobo", como diría Rubén Darío; su fealdad frente a su hermano -el favorito-, el relativo abandono de los padres, el rencor. Retrato freudiano, sin duda sobrepasado por la verdadera locura del tipo: le dicen que no le va a pasar nada si se entrega, pero él resiste hasta la muerte. Las alusiones al tiempo pasado y a éste, las posibilidades de la herencia política, las suele hacer el autor fuera de escena: en programas o declaraciones. Yo no las veo. La situación es más bien rumana, o checa, o alemana.De todas formas, no veo caso político alguno, por mucho esfuerzo que haga -soy romo-; ni la insistencia en que es una cuestión de ahora, ni de lo que ha heredado este régimen del anterior. Para eso haría falta "una situación típica con personajes típicos", como decía una antigua enseñanza marxista del realismo: reconocibles. En todo caso, sin ver tal cosa, sin preocuparme de ella, sino del episodio humano, de la situación de encierro y de la mezcla de desesperación y desesperanza del personaje, me interesa mucho más la obra. Y su desenlace, aunque éste sólo sugerido: la muerte. Está en las líneas de Sartre y de Camus del existencialismo dramático; del tiempo que apremia y del horror por lo vivo.

Trampa para pájaros

de José Luis Alonso de Santos. Intérpretes: Carles Canut, Fernando Huesca, Eva García. Escenografía: José Luis Raymond. Dirección: Gerardo Malla. Teatro Alfil, 6 de diciembre.

La forma es la de un monólogo con dos interlocutores menores. Afortunadamente, el monologuista es Carles Canut, que es, como siempre, un excelente actor capaz de poner emoción hablada y corporal en un escenario. Fernando Huesca no tiene más ocasión que la de hacer el contrapunto, y Eva García no tiene ninguna. Los aplausos fueron largos y cálidos, en un teatro lleno de gentes del espectáculo, que celebraban al mismo tiempo que el triunfo de Canut y sus compañeros, de Alonso de Santos y de Gerardo Malla, la recuperación de este teatro que ha ido siendo tan útil para el sostenimiento de un teatro no siempre fácil ni habitual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de febrero de 1992

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