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Crítica:

'Beleza pura'

Caetano Veloso

Caetano Veloso (voz, guitarra), Ton] Costa (guitarra), Marcelo Costa y Marcos Nascimento (percusión). 2.000 personas. Precio: 1.000 pesetas. Centro Conde Duque. Madrid, 21 de julio.

Beleza pura es una expresión que suele emplear Quiney Jones cuando le entusiasma alguna canción brasileña. Y beleza pura es lo que hizo Caetano Veloso el domingo en Madrid. Más de 20 composiciones propias y de otros autores para un concierto intimista, de sonidos delicados y emociones a flor de piel.Su espectáculo se basa en el disco acústico que grabó en en Nueva York, en 1985. El cantautor de Bahía no necesita juegos de luces ni efectos de humo, le basta con su arte. Como su maestro Joao Gilberto sólo tiene que sentarse, abrazar su guitarra y empezar a cantar. Y no es imprescindible comprender el portugués para sentir la poesía de una canción como Terra ("cuando yo estaba preso/ en la celda de una cárcel/ fue cuando ví por primera vez aquellas fotografías en las que apareces entera/sin embargo ahí no estabas desnuda y sí cubierta de nubes /tierra... ")

Caetano consigue el prodigio de fundir una samba de los 50 ("estaba jugando al billar cuando una negra apareció/ venia con un hijo en el regazo diciendo a la gente que el hijo era mío") con el Billie Jean, de Michael Jackson ("Billie Jean es sólo una chica que asegura que soy el único pero el niño no es mi hijo") y el Eleanor Rigby de los Beatles. Y le queda de lo más natural.

De los tiempos de la tropicalia Caetano Veloso ha conservado el carácter antropofágico: devora canciones en inglés out of town, de Cole Porter- o en francés -Dans mon île, de Henri Salvador- , y las caetaniza, se las apropia como sólo un artista genial puede hacerlo. Con sus comentarios en castellano y unos boleros del cubano Bola de Nieve (Vete de mí, No puedo ser feliz) se acabó de meter en el bolsillo a un público absolutamente fascinado por joyas como Qualquer coisa, Saudosismo, Leaozinho o Eu sei que vou te amar.

En cierta ocasión afirmó que a pesar de no ser muy buen músico era capaz de cantar bonito. A los que llenaron el Conde Duque no se les va a poder olvidar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de julio de 1991

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