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Crítica:FLAMENCO
Crítica

Verdad absoluta

Pudo ser una noche redonda y, gloriosa de cante, si a Beni de Cádiz no le hubiera dado por hablar mas que cantar, y lo poco que cantó lo hizo rematadamente mal. Los demás hicieron lo que se esperaba de ellos: cantar normalmente bien. Incluso El Negro que, sin poder hace un cante agónico, estremecedor, de una verdad absoluta. Y como era su noche, el público le tributó ovaciones de gala.El cante tuvo momentos de admirable plenitud. El más grande de todos, sin duda, el de María Soleá en las siguiriyas, que tuvieron una emoción casi insoportable. El cante, la voz de esta mujer, con la guitarra de Jero, es una pura teoría del duende y la magia de lo jondo.

Chaquetón, Chano Lobato y Rancapino, en maestros. Chaquetón, con grandeza y sobriedad en su perfecta construcción de la malagueña o los tangos. Chano Lobato con un cante por soleá rebosante de quejumbre doliente. Y Rancapino, en unas bulerías antológicas; su voz sin brillo es de una flamenquería arrebatadora. Las guitarras estuvieron a la altura de los cantaores. La ya citada de Jero tuvo una noche plena de inspiración y duende, como las del maestro Habichuela y Moraíto Chico.

Festival flamenco por fiestas

Teatro Nuevo Apolo. Madrid, 12 de febrero.

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