Los tanques soviéticos abren fuego en Vilna

Los tanques soviéticos efectuaron en la madrugada de hoy al menos cinco disparos contra un edificio del centro de Vilna que esta corresponsal no pudo identificar. Según las agencias de noticias Efe y AFP, fue contra la torre de la televisión, y en el asalto a la sede del medio de comunicación se registraron muertos y heridos. Un gran resplandor se veía esta madrugada sobre el centro de la ciudad desde los barrios periféricos. La operación militar desmintió las declaraciones del presidente de la URSS en Moscú anoche, según las cuales desmovilizaría las tropas en Lituania y renunciaría allí al uso de la fuerza.

Pocas horas antes los representantes del Ejército soviético manifestaron su intención de seguir haciéndose con el control de centros estratégicos en Lituania, incluida la posibilidad de ocupar el Parlamento. Mientras, un anónimo Comité de Salvación Nacional, de ideología comunista, trataba de adjudicarse el papel de portador de la legalidad, al margen de las instituciones democráticamente elegidas.El Ejército protagonizó el viernes y el sábado de madrugada un peligroso juego de hostigamiento e intimidación, que se saldó con saqueos, allanamientos, palizas y actos de vandalismo con desplazamientos en carros de combate. En las primeras horas del sábado, un contingente militar penetró por la fuerza en un chalé del Departamento de Defensa del Distrito (equivalente al Ministerio de Defensa lituano), destrozó muebles, puertas, cristales, teléfonos y propinó buenos golpes en los rostros de los dos chicos lituanos que montaban guardia. Esa misma madrugada, con un despliegue más aparatoso, el Ejército ocupó un edificio de la Policía lituana en las afueras de Vilna.

Ayer, tres altos mandos militares, dos generales y un coronel, aseguraron ante la prensa que el Ejército se limitaba a recuperar las propiedades del Ministerio de Defensa y a ayudar a recuperar las del Partido Comunista de la URSS. Al Ministerio de Defensa, señalaron los altos mandos, pertenecen los locales ocupados por el Departamento de Defensa del Distrito. Para el PCUS es la Casa de la Prensa, donde se editaban la mayoría de los periódicos hasta el viernes, cuando el Ejército tomó por asalto el edificio, con un balance de varios heridos.

El general VIadímir Usjopchik, jefe de la guarnición de Vilna, atribuyó el protagonismo de la acción en la Casa de la Prensa a las tropas del Ministerio del Interior. Los paracaidistas se habían limitado, dijo, a mantener la seguridad y no disparar. Los oficiales se negaron a revelar el contingente militar existente en Vilna. 13 periódicos lituanos, privados de su imprenta por la acción militar, publicaron ayer una edición conjunta bajo el título de Lituania Libre, en cuya portada hay un tanquista montando guardia frente a la Casa de la Prensa.

El tráfico ferroviario en Vilna quedó paralizado desde la noche del viernes hasta la tarde del sábado. El colapso demoró a 25.000 personas, entre ellos numerosos niños afectados por la catástrofe de Chernóbil, según un portavoz ferroviario. Los responsables fueron los miembros del comité civil de los ferrocarriles de Vilna, que se hicieron fuertes en el puesto de control de tráfico con la ayuda de soldados y un carro de combate. Los huelguistas dijeron a esta enviada especial que el carro de combate les había sido enviado por el Comité de Salvación Nacional.

Este organismo, cuyos miembros permanecen en el anonimato, está dirigido por Jozas Jermolavicius, el ideólogo del partido comunista promoscovita. Aunque los representantes militares negaron toda relación con este comité, el responsable de la guarnición de Vilna reconoció que "se había tenido que enviar un carro de combate" al puesto de control "para que no hubiera desórdenes".

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El Comité de Salvación Nacional aspira, aparentemente, a repetir los acontecimientos que en el verano de 1940 llevaron a los comunistas al poder tras el derrocamiento del presidente Smetona. El presidente Landsbergis considera que el comité en cuestión está formado por "gente arruinada políticamente".

Sobre la firma

Pilar Bonet

Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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