El Teatre Lliure estrena 'Terra baixa', una obra emblemática del teatro catalán

La compaña proyecta presentarse en París con la obra de Guimerà

El montaje del Teatre Lliure de la obra de Ángel Guimerà Terra baixa, una de las piezas embiemáticas del teatro catalán, se estrena esta noche en el Mercat de les Flors de Barcelona, en el marco del Festival de Tardor. "Me gustaría que la gente no analizara el espectáculo mientras lo está viendo", dijo a este diario el director del montaje, Fablá Puigserver. "Quiero que lo vivan, que lo sientan, que se dejen llevar, que se enganchen". El esfuerzo del Lliure ha estado orientado a hacer creíble ese "drama de gente primaria y elemental", huyendo de los clichés que siempre han pesado sobre la pieza. Puigserver admitió que Terra baixa puede ser la obra con la que el Lliure se presente en París esta temporada o la próxima, aunque subrayó que aún no hay nada concreto.

En cuclillas, Fabiá Pulgserver traza un círculo de tiza sobre el escenario del Mercat de les Flors. Ensimismado en su labor, no parece darse cuenta de la imagen brechtiana que compone. Un ayudante trae unas botellas de lejía con las que se decolorará la superficie marcada para lograr un efecto escenográfico. El teatro de Puigserver está lleno de esos pequeños detalles sabios, de artesano. El director se incorpora jadeante, visiblemente agotado. Problemas técnicos de última hora han retrasado un día, hasta esta noche, el estreno. Puigserver se sienta en la grada y observa con ojo analítico el escenario, presidido por una gran rampa en espiral por la que aparecerá el protagonista de Terra baixa, Manelic."Es una escenografía muy simbólica, un espacio abierto, de juego, con esa espiral o camino de referencia", explica, "Manelic hace su entrada por ahí; pero, a diferencia de otros montajes, ése no es un momento de gran teatro, un número. Para nosotros, Manefic no puede ir con esas ínfulas de héroe, es un pastor solitario y se impresiona cuando ve a tanta gente reunida allí abajo. Nuestro Manelic tiene un carácter más real, más verosímil". Puigserver cuenta con Lluís Horriar para el papel. "Terra baixa no se puede hacer si no dispones de un Manelic -y, añado, una Marta, Emna Vilarasau- en el que creas. Yo dispongo de un reparto que es el mejor que se puede conseguir en este país; además de los citados, están Joan Miralles, Rafael Anglada, Mercà Aranega, Andreu Benito, Lola Lizaran, Joan Matamalas, Víctor Pi, Santi Ricart, Enric Serra y las niñas Carlota Benet, hija del dramaturgo Josep Marla Benet i Jornet, y Núria Llunell para el papel de Nuri".

El montaje del Lliure presta una especial atención al lenguaje de los personajes, que en esta ocasión emplean un catalán propio de zonas de montaña. "Para mí ese aspecto dialectal tiene una cierta importancia", explica el director, "aunque advierto que no se trata de una opción literaria, sino puramente dramatúrgica. Lo hemos hecho para dar una mayor credibilidad a los personajes, gente muy primitiva, muy cerrada en sí misma, que habita en un mundo también muy cerrado".

"Eso es lo que más me ha preocupado", prosigue Puigserver, "que un texto escrito hace 100 años pueda hoy ser aceptado por el público sin hacerse demasiadas preguntas sobre el contexto de la historia. Quiero que vivan esa historia, que la rían, que la lloren... que se la traguen, en suma. Ésa es la finalidad principal de esta Terra baixa".

A juicio de Puigserver, Terra baixa es una obra que se debe revisitar cada cierto tiempo. "Montarla cada 10 años -yo la hice hace 14- es insuficiente, hay que hacerla más, porque es un verdadero pozo".

"A Terra baixa hoy aún le podemos hincar el diente porque tiene valores incuestionables; ha pasado la prueba de la historia, seguramente es la obra del teatro catalán que mejor la ha pasado. Creo que su valor universal estriba en el drama, en ese tema pasional primario, elemental, que sigue siendo actual, como evidencian sucesos como el de Puerto Hurraco. También hay en la obra un aspecto caro al modernismo, esa idea de la terra alta opuesta a la terra baixa, el mito de la pureza de la montaña como parábola, como gran símbolo; eso existe en todos los países donde hay valle y montaña, y esa dicotomía la entienden hasta los chinos".

En la creencia de que Guimerà escribió Terra baixa a partir de hechos reales, Puigserver ha juzgado necesario conocer los lugares en que se desarrolla el drama.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 22 de noviembre de 1990.