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EL CONFLICTO DE ORIENTE PRÓXIMO

La segunda flotilla española zarpa hacia el Golfo

MAITE RICO Las sirenas de las corbetas Diana e Infanta Cristina retumbaron en el muelle de¡ Arsenal de Cartagena a las 11.10 de ayer, sellando la ceremonia de despedida. Los dos buques, con una tripulación id e 148 hombres cada uno, zarpaban hacia el golfo Pérsico, donde reemplazarán a las corbetas Descubierta y Cazadora, que patrullan en el mar Rojo desde principios de septiembre. En Rota, casi a la misma hora, la fragata Numancia abandonaba el puerto para unirse a la expedición y relevar a su homóloga Santa María en aguas del estrecho de Ormuz.

Los tres buques, que permanecerán dos meses en el Golfo, mantendrán la misma misión que sus antecesores: controlar el embargo decretado por la ONU contra Irak. La Infanta Cristina, la Diana y la Numancia se reunirán en aguas cercanas a Cartagena en la madrugada del próximo día 2. Desde allí se dirigirán a Port Said. El día 11 de noviembre, las corbetas Infanta Cristina y Diana relevarán, respectivamente, a la Cazadora, en Suez, y a la Descubierta, en Hurghada. La fragata Numancia reemplazará a la Santa María en Yibuti el día 14. La despedida de las corbetas, cuyas tripulaciones están compuestas en una tercera parte por marineros de reemplazo, no ha revestido el dramatismo que se vivió durante la salida de sus antecesoras, el pasado 26 de agosto.Muelle resguardado

En esta ocasión, los buques zarparon del muelle del Arsenal, una zona más resguardada y sin contacto con el exterior. Con esta medida se evitó la presencia de los grupos pacificistas que en agosto protestaron contra la salida de los barcos e insultaron a las autoridades de la Armada presentes en la ceremonia.

En el muelle, cerca de 700 personas acompañaron a los marineros hasta que, a las diez de la mañana, se dio la orden de subir a bordo. El rumor de los besos fue apagado por los himnos militares que, a través de la megafonía, inundaron el recinto.

El almirante Miguel García de Lomas, jefe de la Zona Marítima del Mediterráneo, pronunció un discurso de despedida desde la Diavia, instando a las tripulaciones a confirmar el "prestigio internacional de la Armada española, que no admite duda alguna, mucho menos cuando es alimentada por opiniones profanas o indeseables sarcasmos". Mientras leía el texto, una representación de la coordinadora de padres de marineros entregaba una carta al portavoz del Ministerio de Defensa, Pedro Meyer, en la que expresaba su "desaprobación por la indiferencia con que se ha tratado a los familiares".

El malestar entre los familiares por la falta de información era patente. La mayor parte de las familias negó haber recibido una carta informativa que, según Defensa, fue enviada por el jefe del Estado Mayor de la Armada, Carlos Vila, a los padres.

Con mejor ánimo y un indisimulado orgullo, Antonio Pinar y Pilar Peña, un matrimonio de Fuenlabrada (Madrid), despedían a dos de sus hijos, Gerardo, de 21 años, y Antonio, de 22, que partían en las dos corbetas. Pero no era la primera vez que acudían a Cartagena. El 26 de agosto despidieron allí mismo al pequeño, José Manuel, de 19 años, que se iba en la Descubierta. Los tres hermanos hacen el servicio militar voluntario como especialistas de radio. "¡Qué le voy a decir, los tres quieren ser militares!", comenta Antonio, conserje de un colegio. "El ambiente en casa es bueno, pero quiero que vuelvan pronto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de noviembre de 1990

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