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Una exposición de Picasso en Barcelona rinde un homenaje 'familiar' a Jacqueline

142 obras raramente exhibidas, realizadas entre 1954 y 1971, reviven el universo creativo del artista

El Museo Picasso de Barcelona presentó ayer la exposición De Pablo a Jacqueline, que permanecerá abierta hasta el 27 de enero de 1991 y que trata de revivir el universo familiar y creativo del artista en sus últimos años, centrándose en la presencia en sus obras de su esposa, Jacqueline, quien convivía con el pintor cuando éste decidió favorecer la creación de un museo suyo en Barcelona y que, tras la muerte del artista, continuó dando cuadros al museo catalán, por el que sentía especial predilección. La exposición inaugurada ayer, concebida desde hace años por la directora del Museo Picaso, María Teresa Ocaña, y preparada íntegramente por su equipo, reúne obras de museos extranjeros y coleccionistas particulares, entre ellos los familiares del pintor. Los alicientes de la exposición son la cuidada ordenación temática y contextual de las obras y su novedad en un museo español.

El origen de la exposición De Pablo a Jacqueline, inaugurada ayer en el Museo Picasso de Barcelona con la asistencia del ministro de Cultura, Jorge Semprún, el de Defensa, Narcís Serra, el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, y una hija del pintor que ha colaborado en el montaje, se remonta a las últimas visitas de la viuda de Picasso a Barcelona, ciudad por la que sentía una especial predilección y con cuyo museo picassiano mantenía estrechos vínculos, pues había continuado las donaciones tras la muerte del artista. La directora del museo, María Teresa Ocaña, concibió entonces la idea de montar una exposición con los retratos de Jaequeline, que Picasso había pintado en cantidades notables durante sus últimos años. Posteriormente, tras la muerte de Jacqueline, el concepto de la exposición fue ampliándose hasta llegar al propósito de mostrar la presencia de Jacqueline en la obra del último Picasso y recrear así el universo creativo de los años finales del pintor, al tiempo que se rendía homenaje a la esposa y musa del artista.La exposición reúne unas 142 obras, entre óleos, esculturas y maquetas de las mismas, dibujos, grabados y linóleos, todos ellos realizados por el artista entre 1954 y 1971. De hecho, los visitantes pueden ver 55 óleos, 59 dibujos -que figuran en el catálogo como 18 obras, pero son más piezas, pues varias de esas obras son cuadernos de dibujo que contienen varios originales- 19 esculturas con sus respectivas maquetas (casi todas inéditas) y 48 grabados y linóleos, de los que 40 pertenecen a los fondos del Museo Picasso y han sido raramente exhibidos, ya que el museo sólo mantiene siete de estas obras gráficas en su exposición permanente.El resto de las obras expuestas -con la única excepción de un óleo (Retrato de Jacqueline, de 1957) de la serie Las meninas que pertenece al museo barcelonés- procede de museos, galerías y colecciones particulares del extranjero, por lo que muchas no han sido nunca expuestas en España y algunas sólo se habían mostrado públicamente en la gran antológica de Picasso organizada en París en 1982.

Aparte de las colecciones de Catherine y Marina Picasso, de las que procede un número sustancial, aunque no especificado, de óleos y esculturas, las obras han sido prestadas por museos, como el Detroit Institute of Arts, el New Orleans Museum of Art y el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York (EEUU), la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen de Düsseldorf y el Sprengel Museum de Hannover (ambos de Alemania), el Museo Picasso y el Centro Pompidou de París (Francia) y el museo Listasafn de Reikjavik (Islandia). Además, hay préstamos de galerías, como Jean Krugier o Perls Galleries de Nueva York y Louise Leiris de París, y de coleccionistas particulares, como Claude Laurens (París), Angela Rosengart (Lucerna), Antonio Sapone (Niza) y Gustau Gili (Barcelona).

Experimentación pictórica

El equipo museológico del Museo Picasso no sólo ha intentado reunir un importante fondo de obras de Picasso poco conocidas en Barcelona y España, sino que ha tratado de ir más allá de la recolección de retratos de Jacqueline Picasso. "La exposición", explica Nuria Rivero, una de las integrantes del equipo, "intenta mostrar el método de trabajo y los mecanismos creativos de P¡casso a través de las casi ilimitadas variaciones de unos pocos temas, que caracterizan sus últimos años. Por ejemplo, esta exposición permite ver cómo Picasso se apropia de la imagen de Jacqueline y convierte su rostro, sus posturas, sus peinados o su sombrero en objetos de experimentación pictórica".

Otra de las cosas que los visitantes de la exposición pueden comprobar es cómo Picasso experimentaba los mismos temas o motivos en todas las técnicas -óleo, escultura, dibujo, grabado, linóleo- como si intentara agotar todas las posibilidades expresivas e investigar todas las íncógnitas que le planteaba cada motivo pictórico. El montaje de la exposición resalta este frenético quehacer del artista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de octubre de 1990