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Tribuna:

El español

"Qué bueno...", declaró Octavio Paz al obtener el Nobel de Literatura, ". .. que el año pasado se lo hayan concedido a un novelista español y el presente a un poeta". Camilo José Cela vino a decir lo mismo: "Es un éxito sin precedentes de la lengua española...", Algunos recelan del triunfalismo hispanista que pueden generar los dos Nobel, y hacen bien, pues todo triunfalismo es irracional, prepotente y deleznable. Sin embargo, no cabe duda de que hay en estos premios un reconocimiento a la riqueza de nuestra lengua.Supone una lección para muchos, sobre todo para quienes por estulticia modernista, o por mediocridad intelectual, o sencillamente por pobreza lingüística, introducen vulgarismos e incluso extranjerismos en sus oraciones. Se da mucho en la industria y en el comercio. Y es lamentable, porque el español posee un vocabulario rico en acepciones, dotado de enorme fuerza expresiva.

Otras lenguas también son ricas y expresivas. Giovanni Papini compuso un texto a base de juntar las palabras más hermosas de distintos idiomas, y resultó una pieza sorprendentemente bella, de cuya lectura se deducía que la propia palabra, el placer de su silabeo y la sonoridad resultante tienen un valor de primer orden al margen de su significado.

Había, no obstante, una singularidad significativa en aquel texto: las palabras españolas llevaban implícito el significado en su mera pronunciación. Ésta es, precisamente, una característica de¡ español. Cuando a uno le llaman, por ejemplo, insurrecto, o iconoclasta, o papandujo, sabe por dónde van los tiros aunque lo esté oyendo por primera vez. Pero ninguna palabra como cabestro. Cuando dices cabestro, nadie precisa diccionario para darse por enterado. Una lengua que ha sabido crear voz tan eufórica, tan rotunda y tan maravillosamente descriptiva como cabestro, perdurará hasta la consumación de los siglos, con premios Nobel o sin ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de octubre de 1990