Tribuna:LA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN / y 2Tribuna
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Un retrato utópico

Naturalmente se reconoce en esta ley que, de acuerdo con la autonomía de cada centro escolar (artículo 2), será posible crear materias optativas (artículo 21) y una de ellas puede ser la ética, y, cuando así lo desean los padres de los alumnos, la religión. En estos casos quedaría asegurada de forma razonable la consecución de los fines morales antes aludidos. Pero importa señalar aquí que las condiciones mínimas y comunes a todos los centros que contempla la ley no aseguran que el alumno alcance de hecho la educación ética que es necesaria para la formación integral del hombre. Como hemos visto, la ley propone fines que no pueden ser alcanzados convenientemente con los medios que la misma ley arbitra. Por eso, es ingenuo afirmar, -como me decía el señor Ministro de Educación-, que el conjunto de los profesores pueden llevar a cabo esta formación moral, porque según este criterio también podría estar ausente del currículo la lengua castellana en todos los centros que imparten sus enseñanzas en castellano.Formación profesional y bachillerato: a partir de los 16 años, la formación moral y ética está ausente del programa de estudios de aquellos alumnos que opten por la llamada formación profesional (cfr. cap. IV). Y por lo que respecta a los alumnos del Bachillerato, se pide de ellos "consolidar una madurez personal, social y moral que les permita actuar de forma responsable y autónoma" (artículo 26); el único medio que se les ofrece específicamente, para ello son unas clases de filosofía y de historia (artículo 27, 4).

Ahora bien, debiendo ofrecer se una perspectiva global de los conceptos filosóficos fundamentales y de toda la historia de la filosofía, no se puede esperar que en este corto lapso de tiempo se pueda afrontar con el debido detenimiento la formación ética necesaria para llegar a la madurez moral antes citada.

Paradojas

Sobre la enseñanza de la religión: este panorama tan paradójico viene, en parte, atemperado por una disposición adicional -la segunda-, en virtud de la cual, obedeciendo al tenor de los acuerdos con la Santa Sede, "se incluirá la religión como área o materia en los niveles educativos que corresponda, que será de oferta obligatoria para los centros y de carácter voluntario para los alumnos".

El problema respecto a esta disposición radica precisamente en su carácter adicional. ¿Por qué no se ha incluido esta área anteriormente en los currículos de los diversos niveles escolares? Sin prejuzgar las intenciones del legislador, hay que decir, sin embargo, que esta disposición adicional produce la impresión de considerar la formación religiosa y ética como un añadido del que puede prescindirse. Y por el contrario, tal como hemos ido viendo a lo largo del análisis de fines y medios señalados para cada nivel educativo, existe una desproporción entre las metas de una formación integral auténticamente humana y la descripción de las áreas obligatorias que la ley propone. La formación integral humanística, sin la ética, y para los alumnos de familias creyentes- sin la religión es como un vehículo sin ruedas; es una finalidad utópica. Sin esta formación ética o religiosa es quimérico soñar con que el español del siglo XXI sea solidario, tolerante y amigo de la paz, cuando sus intereses inmediatos sufran alguna merma por actuaciones virtuosas. Es preciso reconocer que las virtudes que puede desarrollar el hombre en sociedad se insertan en aquel núcleo de la personalidad en el que arraigan todas las demás virtudes y también la religiosidad.

La LOGSE, volviendo las espaldas a esta realidad, está poniendo los caballos detrás del carro; es decir, propone formalmente unos fines que no son proporcionados a los medios que arbitra.

Área específica

El retrato del hombre futuro que hace la LOGSE es esencialmente utópico. La madurez psicológica y moral, el aprecio de los valores que afloran en la vida de la sociedad española, la auténtica tolerancia y comprensión de la religiosidad exigen la configuración de un área específica, que no puede ser subordinada al área de ciencias sociales. Si se perpetuase su actual configuración, la LOGSE favorecería la formación de una persona eficiente y eficaz, sociable, autónoma y autosuficiente; pero esta ley no da garantías suficientes para pensar que ese hombre futuro no sea sustancialmente egoísta, conformista e incluso secretamente inculto.

En conclusión, la configuración de un área de Etica y Religión a todos los niveles, plenamente integrada en la escuela, y, por lo tanto, equiparada en todo a las demás áreas, parece muy conveniente, habida cuenta de que "el objetivo primero y fundamental de la educación es el de proporcionar una formación plena" (Exposición de motivos, P. 1).

El legislador debería desprenderse de reticencias y de antiguos prejuicios, según los cuales la autonomía propia de la madurez humana y la tolerancia cívica caracterizadora de las sociedades democráticas estarían reñidas con la oferta de una seria educación religiosa o moral en la escuela. Concretamente es necesario señalar que la fe católica no es una ortodoxia excluyente.

No ama la libertad quien rehúsa aceptar las consecuencias lógicas del ejercicio de la libertad religiosa. Un escuela en la que no hay oferta adecuada de educación ética o religiosa estaría obstaculizando el desarrollo legítimo de la libertad religiosa, que es un derecho fundamental del español.

Agustín García-Gasco Vicente es obispo secretario general de la Conferencia Episcopal Española.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 02 de agosto de 1990.

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