Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:

Hassan de Jordania: "El auge del extremismo no tiene nada de religioso"

El heredero hachemí apuesta por el intercambio regional como fórmula de entendimiento

Le precede una fama de intelectual que no coarta su implicación política. El príncipe Hassan, de 43 años de edad, heredero del trono de Jordania, posee, a la manera de los vicepresidentes norteamericanos, una gran responsabilidad potencial, que difícilmente llegará a ejercer. Ello no obstaculiza su esfuerzo incansable para que la voz del mundo árabe se oiga en la mayoría de los foros internacionales. Conferencias, artículos periodísticos y patrocinio de núcleos de reflexión sobre los principales problemas del individuo y la sociedad árabes constituyen el eje de su vida.

El príncipe defiende con ahínco la regionalización como elemento de equilibrio y fórmula de intercambio global, y desea que, en el diálogo resultante, Europa en tienda que el mundo árabe no busca sólo una salida a sus recursos humanos.

Pregunta. Un tópico de las relaciones árabes con los países occidentales es la incomprensión cultural, que también tiene serias consecuencias en el terreno político. Como ciudadano árabe con una exquisita educación occidental se encuentra en una posición privilegiada para explicar cuáles son las raíces de las dificultades que impiden un diálogo fructífero entre estas dos culturas.

Respuesta. No creo que exista una dificultad en el diálogo cultural. Los problemas estriban sobre todo en el enfrentamiento entre los intereses políticos. Desafortunadamente, cuando miramos al diálogo euro-árabe, lo primero que salta a la vista son los estereotipos. El árabe es un terrorista, el árabe es un barril de petróleo, el árabe es, en definitiva, el mal árabe. Esto es fruto de la crisis de 1973. Además está la imagen del musulmán malo. El problema es que muchos en Occidente creen que árabe es sinónimo en exclusiva de musulmán, olvidando que la cristiandad también viene del mundo árabe.

Por otra parte, todo lo que se conoce sobre el mundo árabe en lenguas extranjeras -y ése es el sentimiento en esta parte del mundo- está a menudo al servicio directo de los intereses occidentales en la región. Y el interés es primordial cuando se habla de petróleo, lo que genera un diálogo especializado en esa materia que margina el diálogo general. Éste requiere no sólo un intercambio de datos, sino de conocimientos.

Extremismo

P. Una de las principales preocupaciones de nuestra cultura en esta época es el auge del rigorismo en el islam. ¿Teme usted que el extremismo ponga en peligro el proceso de liberalización iniciado en su país y en algunos otros países árabes?

R. En el terreno político, la mayoría silenciosa está intimidada por el extremismo de derecha y de izquierda. La razón para el ascenso del rigorismo en esta parte del mundo, tal como se ha visto en la política israelí, por ejemplo, se debe a la ausencia de logros políticos. En el mundo árabe nos enfrentamos a tres conflictos que son responsables directos de promover las tendencias extremistas. Líbano, las tensiones árabe-israelíes y la ausencia de una paz estable entre Irán e Irak son causas de frustración política. A ello hay que añadir que el extremismo religioso es explotado, en especial cuando encaja con el pensamiento de quienes están fuera de la región, y créame, no hay nada de religioso en ese fenómeno. El rigorismo es el uso de la religión con fines políticos, tanto en el cristianismo o en el judaísmo como en el islam. A resultas de su auge, las soluciones que se desarrollan para los conflictos regionales no se llevan a cabo entre Estados soberanos, sino a expensas de la soberanía del Estado.

Crisis económica

P. De la crisis económica resulta otro riesgo importante para el avance hacia la democracia. En la reciente cumbre árabe de Bagdad, el rey Hussein hizo un dramático llamamiento a sus pares para que ayuden financieramente a Jordania. ¿Cuáles son los principales problemas que afronta su economía y cuáles son, en su opinión, las mejores soluciones?

R. El programa de reestructuración del Fondo Monetario Internacional va adelante despacio pero seguro hacia el incremento de nuestras exportaciones y de nuestras reservas de divisas, el descenso de las importaciones y, en definitiva, del aumento de las posibilidades de crecimiento en diversos sectores de la industria y los servicios. Sin embargo, nos enfrentamos a dos retos de economía política. El primero, la defensa, y el segundo, la demografía.

Si el mundo árabe cree que Jordania tiene que ser apoyada para actuar como amortiguador frente a un futuro expansionismo israelí -lo que parece preconizado por la emigración de cientos de miles de judíos soviéticos, que amenaza con invitar a la transferencia de palestinos hacia Jordania-, requeriremos su ayuda para garantizar nuestra seguridad.

Por otro lado, si el individuo soviético que llega a Palestina cuesta a las autoridades israelíes 30.000 dólares per cápita, según sus estimaciones, y hacemos una valoración de 10.000 dólares para cada palestino llegado a Jordania desde 1948 hasta 1990, estamos hablando de un presupuesto de 12.000 millones de dólares, lo que supera nuestros 8.000 millones de deuda externa.

P. Su alteza real trabaja de forma muy activa en programas de desarrollo económico para su país. La falta de recursos monetarios debe de ser por ello frustrante. ¿Que proyecto sueña con realizar, al margen de su coste?

R. Lo que me gustaría es sacar partido de las ventajas comparativas. Imagínese el resultado de unir la vitalidad del potencial humano egipcio, la capacidad empresarial de jordanos, libaneses, palestinos e incluso -lamento decirlo, porque no hay paz- israelíes, y los recursos de la región, entre ellos el petróleo El tremento potencial de este logro podría resolver el problema de la comida y la seguridad, no sólo en el mundo árabe, sino afro-árabe. Ése es nuestro reto para el año 2000.

Judíos soviéticos

P. Su alteza real fue la primera persona que advirtió, el pasado octubre, contra los peligros de la emigración de judíos soviéticos a Israel. ¿Cómo ve el problema?.

R. La comunidad judía es aún muy desconfiada de su entorno árabe, pero creo que es erróneo tratar de convencer a la opinión pública de que cada emigrante judío soviético va a ser antiárabe, porque esta emigración se debe a razones económicas y sociales. No sé por qué hay que antagonizar al emigrante soviético como diferente del resto no creo que suponga un gran cambio en la estructura de la opinión pública israelí.

En todo caso, dos posibilidades están abiertas. Por un lado los recién llegados van a aportar una mayor vitalidad a la sociedad israelí con sus capacidades y preparación, lo que puede, a largo plazo, contribuir a la estabilidad de Israel y, en consecuencia a su eventual moderación. Pero por otro lado, es legítimo que te mamos que sus conocimiento perjudiquen si los emigrante avivan el conflicto árabe-Israelí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 1990