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Crítica:

Italia en Londres

Reina de corazones (Queen of hearts)

Producción- John Hardy. Guión: Tonny Crisoni. Imágenes: Mlke Southon. Música: Michael Convertino. Dirección: Jon Amiel. Intérpretes: Joseph Long, Anita Zagaria, Vittorlo Amandola, Vittorio Duse, Hileen Way. Estreno: Paz, Vaguada, Infantas, Classic. V. O.

Reina de corazones es una obra cinematográfica menor, pero muy estimable, que corre el riesgo de pasar inadvertida -al no tener grandes nombres en el reparto- en el conjunto de los estrenos recientes, lo que sería injusto, porque se trata de una aportación valiosa y humilde, aunque no llegue a cuajar del todo, que intenta recrear en la pantalla el ambiente específico de unos emigrantes italianos en Londres con el relato visto por un niño de 10 años. Se trata de la primera realización de un joven director, Jon Amiel, que ha hecho sus primeras armas profesionales en la televisión inglesa y que como otros muchos aspirantes llega al cine a través del rodeo de la pantalla pequeña.Lo más atractivo del Filme, aparte de estos presupuestos narrativos, es la inteligencia y el acierto con los que ha sido desarrollada la historia, dominada por un tono tierno y casi romántico predominante en el que las mujeres ganan siempre la partida a los hombres, al menos de acuerdo con la sensibilidad del pequeño testigo ante el eterno combate entre los sexos.

Se diría que Amiel ha visto En compañía de lobos (aunque las dos películas sean muy diferentes entre sí, por supuesto) y que ha pretendido adoptar el mismo planteamiento de Neil Jordan en esa película, buscando construir el marco del cuento mágico para obtener una línea simpática y amable que permita soslayar un realismo crudo, que surge inevitablemente al describir este tipo de ambientes. El melodrama y la crispación son resueltos con humor y melancolía, pero una cosa es la ambigüedad entre lo vivo y lo pintado y otra perderse en el camino entre realidad y ficción, incapaz de salir del embrollo.

Pese a tales limitaciones, el resultado es amable y respira unacomplicidad muy clara hacia las criaturas que viven y aman en este ambiente cultural concreto que acaba constituyendo el universo dramático de la película. No siempre ocurre lo mismo en el cine contemporáneo y, por ello, este mérito evidente de Reina de corazones debe ser subrayado como se merece.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de junio de 1990

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