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Crítica:CINE

Amores y reencarnaciones

Es frecuente que la industria cinematográfica de Hollywood proponga un cielo laico y edulcorado, tan válido para luteranos como para católicos.Ese curioso paraíso americano es apto para ateos, religiosos e indiferentes, y sus funcionarios pueden parecer ángeles, pero no ostentan alas visibles, sino simbólicas, y miran a los terráqueos de forma benevolente y comprensiva, quizá porque en una existencia anterior han vivido las mismas angustias y problemas que ellos.

Vieja tradición

El cielo se equivocó (Chances are)

Producción: Columbia. Dirección: Errule Ardolino. Intérpretes: Cybill Shepherd, Robert Sowney hijo, Ryan O'Neal. Estreno en Madrid en los cines: Alcalá, Multicines 2, Parquesur 1, La Vaguada 7, Rialto, Bilbao, Multicines Fuenlabrada, Pozuelo 3.

Spielberg acaba de evocar esta vieja tradición fílmica en AIways -con su característica habilidad, por supuesto- y rara es la temporada en la que no nos llegan dos o tres películas de este jaez, la mayor parte insoportables.Una de las variantes más frecuentes de este curioso lugar -si lo llamamos Heaven, en inglés queda mejor- es la reencarnación del espíritu de un muerto en otro cuerpo, y este atrevido planteamiento, que se convierte en una mera fórmula para acelerar la acción, cuando no supera este esquema elemental, demasiado rígido -lo que ocurre en El cielo se equivocó, de una manera clarísima-, acostumbra a desembocar en unos resultados cinematográficos muy pobres. El planteamiento llega a ser tan limitado en ocasiones que provoca una cierta vergüenza ajena.

Equivocación

También los escritores y directores tienen derecho a equivocarse, como todo el mundo, y aunque hagan todos los esfuerzos imaginables para enriquecer el argumento, ni siquiera el injerto desesperado de algunos aspectos propios del vodevil salva esta película.Emile Ardolino, el director de esta película, El cielo se equivocó (Chances are), demostró una cierta habilidad coreográfica al rodar la cinta Dirty dancing, pero en el puro juego de la comedia es un director infinitamente más apagado y ni siquiera unos actores con el atractivo externo de Cybill Shepherd y Ryan O'Neal le sirven de mucha ayuda, aunque es justo reconocer que todo hubiera podido ser peor y también, ojalá, más afortunado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de abril de 1990

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