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La Guardia que detractores y defensores de Costa Doñana se enzarzaran a golpes

P. O. / A. M. / L. E. S.Unos 8.000 ecologistas que acudieron a la manifestación celebrada ayer por la salvación del parque nacional de Doñana pidieron un modelo de desarrollo que no se base en la destrucción de los recursos naturales. La manifestación transcurrió en un ambiente festivo y reivindicativo hasta que se encontraron con un grupo de unas 200 personas, vecinos de Almonte y Matalascañas, que increparon durísimamente a los ecologistas. Sólo la enérgica y correcta intervención de la Guardia Civil impidió que los insultos mutuos desembocaran en enfrentamientos físicos.

Al final de la manifestación, en la playa de Matalascañas, el historiador Ian Gibson leyó un comunicado en el que pedía que el desarrollo económico se basara en fórmulas alternativas que, adecuadas al hombre y sus necesidades reales, respetaran el medio ambiente.Gibson extendió la protesta de los ecologistas a las "barbaridades" que se están cometiendo en el cabo de Gata (Almería), Sierra Nevada (Granada), Cazorla (Jaén), Hornachuelos (Córdoba), 1a vergüenza del Cabril", el Mediterráneo, la Amazonia y la destrucción de la capa de ozono. Respecto a Doñana, Gibson denurició la sobreexplotación de las aguas subterráneas, la contaminación y el desarrollo turístico "agreisivo y desproporcionado" en los bordes del parque.

Horacio Lara, de Ízquierda Unida, felicitó a todos por el éxito de la manifestación y pidió que no se contestara a posibles provocaciones.

"Doñana, pa los bichos..."

La Marcha por Doñana partió al mediodía de la zona llamada el Acebuche, a unos cinco kilómetros de la playa. Miles de personas -según los organizadores, asistieron entre 10.000 y 12.000 personas- venidas de toda España, aunque mayoritariamente de todos los puntos de Andalucía, recorrieron el trayecto andando, entre canciones y grito de "Doñana, pa los bichos, y no pa los chorizos", y otras parecidas. El grupo ecologista. Agaden, de Cádiz, escenificó la muerte de Doñana con un ataúd y una pancarta que simulaba una esquela. Se encontraban desplegadas muchas banderas verdes y andaluzas. Un grupo de niños encabezaba la manifestación, llevando una pancarta verde con la inscripción "Salvemos Doñana".Dos niñas de ocho años, Zoraida y María, escolares de Sevilla, afirmaron que sabían muy bien por qué estaban allí: "Hay que salvar Doñana para que no se mueran los animalitos". La manifestación ocupaba casi un kilómetro de la estrecha carretera de Almonte a Matalascañas.Los responsables de la manífestación habían solicitado la presencia de las fuerzas de orden público para evitar incidentes con los asistentes a una segunda manifestación, convocada a las diez de la mañana por una denominada Coordiríadora de Almonte, favorable al proyecto de urbanización de Costa Doñana.

La prudencia de los organizadores llegó al extremo de pedir a los manifestantes que cesaran en sus gritos al pasar frente a los partidarios de Costa Doñana, que les esperaban, situados en el arcén de la carretera, a la entrada de Matalascañas. Era un grupo mucho menos numeroso, de apenas 200 o 300 personas, pero no menos combativo.

En cuanto se produjo el contacto surgieron los insultos y los intentos de agresión. Los de la Coordinadora de Almonte increparon a los ecologistas con gritos de "asesinos", "vendidos", y palabras aún más gruesas. Un vecino de Almonte residente desde hace siete en Matalascañas afirmó que los manifestantes habían sido engañados por los políticos y por los empresarios malagueños: "La mayoría no saben dónde está el coto de Doñana. Aquí hay agua de sobra. En Málaga se puede construir lo que quieran y no pasa nada. Y aquí no se puede, ¿no?".Otra mujer, muy excitada, acusaba a los manifestantes de haber cobrado "40.000 pesetas" por acudir a la manifestación. Un ecologista le contestó con sorna: "Y usted, ¿qué, cobrando el paro de Guerra?".

Intento de agresión

Jesús Casas, director conservador del parque nacional, que no participaba en la manifestación, sufrió un intento de agresión por parte de los partidarios de Costa Doñana y tuvo que coger su coche y abandonar la zona. Sólo tuvo tiempo de decir que estaba allí para intentar evitar conflictos.

Los enfrentamientos verbales no llegaron a más por la decidida actuación de la Guardia Civil, que rápidamente organizó un cordón de seguridad separando a unos de otros. Finalmente, los miles de manifestantes llegaron a la playa de Matalaseañas. Muchos aprovecharon para refrescarse en el mar, dado el calor que hizo ayer.

A la manifestación asistieron los líderes del Partido Andalucista, Pedro Pacheco, y de Izquierda Unida, Julio Anguita, entre otros muchos dirigentes regionales. Un portavoz de la Federación de Amigos de la Tierra anunció que los Consejos de la Juventud de Andalucía y España -de los que son miembros las Juventudes Socialistas- habían decidido apoyar la marcha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de marzo de 1990