Carne no apta para el consumo ha sido puesta a la venta con apoyo oficial

El Ministerio de Agricultura y la Junta de Castilla y León han ocultado durante cuatro años la existencia de un foco epidémico de perineumonía bovina en la localidad segoviana de Navas de San Antonio, según reconoció ayer Pedro Llorente Martínez, director general de la producción en industrias agroalimentarias de la Junta de Castilla y León. Por acuerdo de ambas Administraciones, en todos los documentos oficiales se enmascaró la perineumonía como tuberculosis para evitar que esa enfermedad, de declaración obligatoria según la ley de epizootias, pudiera traer repercusiones negativas para el mercado español ante la Comunidad Europea (CE).Aunque el reglamento de mataderos permite, según los casos, comercializar la carne de vacas que hayan dado positivo en la prueba tuberculínica, es taxativo cuando se refiere a la perineumonía contagiosa, y dice que hay que decomisarla en su totalidad e incinerarla por no ser apta para el consumo. A pesar de ello, la carne procedente de las 5.000 reses sacrificadas fue liberada al consumo humano. Según Llorente, entre 1985 y 1987 se trató de erradicarla, pero no se llegó a un acuerdo con los ganaderos sobre las indemnizaciones. Hasta 1988 no se ordenó el sacrificio total de la cabaña.

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