ZARAGOZA

Una corrida con trapío

La excelente presentación de los toros de Ana Romero, vistió de gala la plaza de Zaragoza. Toros con trapio, astifinos, de bella estampa, alegres y con recorrido. Blandearon también, a decir verdad, mas por su condición general sirvieron y mucho puesto que no en balde eran, al arrastre, aplaudidos. Con ellos di sfutó el público, a pesar de no dejarlos ver en los caballos, pues desgraciadamente los metian bajo el peto, privando así de ver un bello pasaje de la lidia.Y fue Julio Robles, con su toreo exquisito quien protagonizó la tarde. Impecable en las verónicas, sobre todo las realizadas ante su segundo, que le salieron bordadas, de cartel, al rematar con la media desmayada. El estilo impecable del toreo con la muleta, templando y haciendo del derechazo limpia ejecución desde el cite al remate, pusieron los tendidos en pie. Como un cañón se fue al volaplé del primero, dejando la espada algo desprendida, para ligar tres naturales de muerte en un excelente final. Se gustó y gustó con el quinto, bajando la mano e hilvanando derechazos suaves y cadenciosos. Por contra erró con la espada, absurdamente precipitado, y aún así paseó con fuerza el anillo.

Romero / Aranda, Robles, Zorita

Un toro de Jose Ortega, gordo, y cinco de Ana Romero, con trapío, astifinos y de excelente juego. Raúl Aranda: estocada trasera atravesada y cuatro descabellos (saludos con algunos pitos); pinchazo y estocada baja (bronca). Julio Robles: estocada desprendida (dos orejas); cuatro pinchazos y descabello (vuelta). Raúl Zorita: estocada baja (algunos pitos); dos pinchazos, bajonazo y descabello (pitos).Plaza de Zaragoza, 2 de julio. Corrida extraordinaria de Santa Isabel de Portugal.

Raúl Aranda, llamado a última hora para sustituir al lesionado Manzanares, anduvo desconfiado y con poco sitio, sin justificar en absoluto su presencia ante tan envidiable oportunidad.

El joven diestro de la tierra, Raúl Zorita, recién incorporado al escalafón superior, se vio desbordado por sus toros, en una tarde seria para su compromiso. La condición de sus astados, aplaudidos en el arrastre, debe hacer meditar la proyección de este diestro en adelante.

La plaza registró una excelente entrada y el público salió satisfecho con la presencia y el juego de los toros de Ana Romero, que dieron una gran tarde, que mejor hubiera sido si junto al impecable Julio Robles hubiera habido otros dos diestros con ambición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de julio de 1989.