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Paul McCartney, 12 horas en España

El ex `beatle' inauguró' los estudios de 'Los 40 principales'

Paul McCartney estuvo ayer en España y cumplió un riguroso horario de compromisos: inauguró los nuevos estudios de Los 40 principales, de la cadena SER, y grabó dos programas de televisión en Madrid y uno en Barcelona. Sus fans le esperaban con carteles y camisetas que le daban la bienvenida: "McCartney, por fin". Pero el ex beatle sólo se dejó ver en vivo durante un par de minutos, y probablemente sólo habrá visto unas cuantas calles y el interior de los estudios. De todas formas repartió sonrisas y cosechó flores y gritos de emoción a su paso, además de algunos billetes, porque, según su casa de discos, su último disco, Flowers in the dirt, ha vendido en España 40.000 copias en dos días.

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Paul McCartney, con 47 años y una de las mayores fortunas obtenidas por derechos de autor por todo su repertorio, prefiere vivir públicamente su fama lo menos posible. No es extraño, ya que durante toda su carrera musical se ha visto acosado por admiradores y periodistas incansables.A la una de la tarde, un pequeño grupo de adolescentes esperaba en la Gran Vía madrileña la llegada de Paul McCartney ensayando canciones de los Beatles con el acompañamiento de una guitarra. La primera cita del ex beatle con los medios de comunicación era la inauguración en la cadena SER de las nuevas instalaciones de Los 40 principales. Acompañado de su mujer -Linda Eastman-, su manager y cuatro guardaespaldas, Paul mantuvo para esta visita las mismas exigencias que en el resto de su estancia de 12 horas en España: ausencia de fotógrafos y periodistas no acreditados,y regresar al anochecer a su residencia en Ascott, al sur del Reino Unido.

Risueño, sonriente y repartiendo saludos a diestro y siniestro, Paul McCartney, vestido con camisa, chaleco y pantalones vaqueros, inició a las 14.15 una entrevista que se emitió en directo a toda España. De manera distendida respondió brevemente a preguntas sobre su próxima gira -"Posiblemente en enero actuaremos en España"-, su nuevo disco -"Soy un amante de la melodía y hay bastantes baladas"-, las influencias de su música -"Escucho de todo y recojo influencias, aunque no de manera clara"-, los problemas conyugales -"Son cosas de los periódicos. Llevarnos 20 años casados"-, los tiempos pasados -"Las dos mejores épocas musicales son los sesenta y los ochenta"-, el acid-house -"Las cosas nuevas siempre parecen una locura. Es bueno para bailar"-, su regreso a los escenarios -"La magía de los conciertos es lo más maravilloso que conozco"-, canciones antiguas y nuevas -"Yesterday, la soñé; Distractions, de mi último disco, la compuse"-, los conciertos benéficos -"Los Gobiernos van a remolque de los artistas, que están en contacto con la gente"-, su nombramiento de doctor honoris causa por la universidad de Oxford -"No llego a creérmelo"- y sus recuerdos de España -"Para mí es el país de la guitarra, y muchas de mis canciones no existirían sin este instrumento"-. Paul McCartney manifestó su admiración por Andrés Segovia, Julian Bream y el flamenco, y finalizó la entrevista con una curiosa despedida en castellano: "Tres conejos en un árbol / tocando el tambor. / Que sí, que no, / que lo he visto yo". "Lo aprendí en la escuela", dijo riéndose.

Una rúbrica

Siempre acompañado por Linda, vestida con cazadora vaquera y con un modesto ramo de flores en la mano, Paul McCartney estampó su recuerdo en el libro de honor de la emisora: un "Buenos días, amigos", rubricado con el dibujo de un muñeco sonriente. Durante el brindis con champaña, los responsables de la seguridad del artista preguntaban por el estado de los ascensores, mientras alguna locutora jovencita comentaba asombrada las piernas sin depilar de Linda Eastman.Al grito de: "¡Grupo, nos vamos!", Paul McCartney y sus acompañantes se dirigieron a los ascensores de la emisora. En el octavo piso, un grupito de jóvenes que había burlado las medidas de seguridad pedía a gritos una foto con Paul. "Solo uno", dijo el cantante, y posó con un afortunado fan.

A las tres de la tarde, Paul McCartney pisaba de nuevo la Gran Vía. Un grupo de jóvenes comenzó a disparar sus cámaras, formando un pequeño alboroto de flashes y gritos histéricos. El músico, con un pie en el Mercedes azul, el brazo levantado y el pulgar hacia arriba, saludaba sonriente. Tras otro coche flanqueado por dos motoristas de la Policía Municipal se fue a las instalaciones de RTVE en Prado del Rey, donde por la tarde grabó para el programa Informe semanal y alguna canción para el nuevo programa musical ¿Pero esto qué es? A las 17.30, a bordo de su avión privado, viajó a Barcelona para ser entrevistado por Julia Otero, presentadora de La luna, y finalizar su breve estancia promocional en España. La exigencia de dormir en su casa estaba cumplida. A las nueve de la noche, su avión despegó de Barcelona con el tiempo justo porque a las once el aeropuerto más cercano a Ascott ya no permite los aterrizajes. El ídolo pudo dar las buenas noches a sus cuatro hijos y acostarse en su cama.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de junio de 1989