Argentina privatiza los medios de comunicación públicos
La inesperada decisión del Gobierno argentino de enviar al Parlamento un proyecto de ley que autorice a reprivatizar todos los medios de comunicación que administra el Estado, provocó una cadena de reacciones contrarias entre los trabajadores, directivos y profesionales vínculados a las emisoras de radio y te levisión. Los sindicatos de músicos, actores, periodistas, técnicos, directores de cine, exigen un debate previo para que se dé la oportunidad de participar a las organizaciones sociales intermedias.En su desesperación por reducir los gastos públicos para enfrentar la llamada crisis terminal de la economía.argentina, el presiderite Raúl Alfonsín incluyó la "privatización" inmediata de dos cadenas de televisión nacionales -los canales 11 y 13- y dos emisoras de radio -Excelsior y Be1grano- además de otras 10 estaciones provinciales.
De aprobarse la ley, el Estado sólo conservaría bajo su administración el tradicional canal número 7 -Argentina TelevisoraColor (ATC)- y la cadena de Radio Nacional, que tiene emisoras,en todas las provincias.
El ministro de Educación, José Dumón, encargado de anunciar el proyecto a la Prensa, advirtió que aun cuando la ley sea aprobada durante las sesiones ordinarias del Parlamento "el encargado de la reglamentación, antes de que se adjudiquen las licencias, será el presidente electo Carlos Menem".
La aclaración del ministro trató de evitar las críticas sobre las supuestas "razones políticas" que habrían influido en la imprevista decisión del presidente Alfonsín.
La discusión entre los partidos políticos permanecía trabada por el artículo 45 de la que debía ser la nueva ley de Radiodifusión.Allí se prohibía expresamente a los propietarios de medios gráficos participar en los concursos por las licencias. Los grandes diarios del país, organizados como "grupos de presión", criticaron duramente al Gobierno por lo que consideraban un ataque a la libertad de expresión.
Los que se oponen a este concurso el mejor postor ofrecen como prueba de sus catastróficos presagios la programación de los canales 9 y 2, los únicos privados hasta ahora, caracterizados por el amarillismo de sus telediarios y la baja calidad artística en el resto de su programación.
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