Mucho trabajo, poca poesía

Marín, que afirma tener "tres amigos: Beethoven, Cajal y El Quijote", es el número cuatro de una familia de 11 hijos y hasta los 13 años, por culpa de la guerra civil, no aprendió a leer, "aunque ya mi padre me había leído El Quijote y sabía muchas cosas", según comenta. Era una familia sin médicos, toda de abogados. Ahora su hija es también médica, pasa consulta en un pueblo de New Hampshire.Su único hobby, además de la música, es caminar. Va andando desde su casa en Hannover hasta la universidad (una distancia de algo menos de tres kilómetros). Cuenta que los inviernos fríos y nevados de New Hampshire son muy largos y dan mucho de sí para investigar. "Es mi época preferida para el microscopio".

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Como buen mediterráneo, herencia que reivindica, asegura que "no creo que he trabajado mucho en mi vida. No me mato, pero soy perseverante. Voy muy despacio, ando con la cabeza, no con los pies".

Dice que lo que está haciendo en Dartmouth lo podría hacer en España, pero ya es tarde, y "tendría que enfrentarme con todo el mundo". Admite, sin embargo, que conserva un gran cariño por la tierra en que nació. Regresa todos los veranos a España y, junto con sus dos hermanos, uno abogado en Zaragoza y el otro jefe de Tráfico en Santander, se pierde, sin mujeres y sin familia, en un coche durante una semana. "Nadie sabe dónde estamos". Marín asegura que "he sobrevívido en Estados Unidos gracias a estos viajes". "Porque aquí hay poca poesía. Existe una gran facilidad para el trabajo, pero también se paga un precio, y la parte poética de la vida se ve menos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 21 de abril de 1989.

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