Sardinas con sabor a caviar
Es admirable ver cómo se las arreglan en Hollywood para hacer de una ceremonia protocolaria de tres horas largas de duración y que tiene dentro todos los ingredientes para resultar inaguantable, tediosa y somnífera un espectáculo ligero e incluso divertido.Debe de ser un sexto sentido o algo así. En año pasado hubo algunos excesos de ornamentos y el show resultó algo aparatoso y que sobrecargó la atención del espectador con excesivos tour de force. Pero en Hollywood han aprendido la lección y este año han cambiado de tono; casi lo invirtieron. Y resultó.
No obstante hubo algún fallo de ritmo, algún despiste en la velocidad de la secuencia, y el tiempo se les echó encima a los realizadores del show. Y ahí es donde asomó el talento de esta formidable gente del espectáculo. Sobre la marcha -cosa dificílisima- rompieron los esquemas, deshicieron los cálculos y aceleraron el ritmo con un dominio desarmante.
Y lo que se acercaba al batacazo no sólo no se lo dio, sino que mejoró cuando la improvisación se hizo dueña del escenario, dando una vez más la razón a estos inimitables vendedores de sí mismos, capaces de hacer pasar por caviar a sardinas en lata. Las lagunas y despropósitos del reparto de premios se olvidaron bajo la seda del genio hollywoodiense del espectáculo.


























































