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Entrevista:

"Juncal' ha sido para mí un regalo", afirma Francisco Rabal

El actor, protagonista de la serie de TVE, se siente a gusto en el personaje del torero

Juncal / Francisco Rabal, el sábado inmediato, será otro hito en la historia del nieto de molinero, hijo de minero matasellado con la silicosis, niño soñador en su Águilas (Murcia) natal, buscavidas en Madrid y hoy, en la antesala del tercer milenio, estatua nacional viviente del arte del saber hacer en la pantalla; es decir, "en la batalla por ser persona", esculpe él, mismo con esa voz suya, intraducible. Al caer la hoja del calendario de ese 1 de abril, el Paco familiar de una cuarentena de millones de españoles que se encierran cada noche del sábado para enternecerse con su vida se sentará ante el televisor, echará unos pitillos y lo pasará bomba con el último capítulo de Juncal.

A resultas de sus quehaceres laborales interpretó la serie, pero no la vio completamente montada; y cada sábado dice "presente" a la vera de su esposa infinita, María Asunción. Como el resto de los españoles espera con impaciencia y hasta preocupacion, ante la pequeña pantalla, la obra de Jaime de Arímiñán.Pregunta. ¿Y le gusta Juncal?

Respuesta. Me gusta y, me gusto, que decir lo contrario me haría hipócrita. Juncal ha sido para mí un regalo; es un personaje bordado con todos los matices que yo puedo expresar; es un personaje total.

P. Se ha dicho que usted, el ciudadano Rabal, es el retrato de Juncal, ese torero truncado, pícaro, mujeriego, tierno, golfo, simpático, con grandeza de espíritu.

R. No, no; lo que ocurre es que he conocido ese mundo del personaje y esto me acerca a él; y también sucede que me gustan las chicas, pero bueno, ¿qué?, llevo 38 años de matrimonio con Asunción.

En este instante de la conversación el teléfono sonó, Asunción reclamó a su marido y a uno le dio tiempo a anotar con la brava imagen del actor hombre en la cabeza: de ser mujer, es decir, su mujer, lo mejor y lo único puro y perverso al tiempo para hablar de Paco Juncal sería escribirle una carta de amor. Y a escardar.

La carta diría así: "Los últimos 63 años (tu edad, cariño) de la historia de la gente son tu cara, geografía de todas las cosas. Tu cara, arada por las aventuras doradas de mi imaginación, en ti es vida vivida; tu cara es el palpitar de 45 años del teatro del mundo en las pantallas o en los escenarios, o en toda la tierra, día y noche; tu cara es una mole labrada de recuerdos que rezuman futuro; tu cara es la autopista de 166 películas, es decir, de otras tantas vivencias rabálicas; tu cara es la luz tras la tormenta".

Ya retornó el hombre actor.

P. ¿Le fastidiaría que habláramos de política?

R. Sí, porque es cierto que mantengo la militancia comunista, pero es romántica; cotizo y ya está. Bueno, también firmo cosas, documentos, a pesar de que Buñuel me decía: "No firmes nunca, porque no sirve para nada". Bueno, por lo dicho, ¿para qué vamos a hablar? Estoy muy a la expectativa hoy.

P. ¿De qué viene esa ternura suya con sus hijos, con sus nietos?

R. No sé de qué viene; de la familia, creo. Además, es quelos quiero mucho y estoy muy contento de ellos.

P. ¿Su instinto sigue superando a su cultura?

R. Mi cultura es de autodidacta, por lo que leo, por la experiencia y por lo que escucho. El profesionalismo y la vocación son los cimientos de lo que yo sea; mi padre, su sentido de la dignidad, de la honradez, del respeto a los otros, son esenciales también.P. A propósito del profesio nalismo y de lo qué acaba d apuntar, la llamada posmoderni dad ha propagado un desprecio del lenguaje, de la palabra, y ha caído en el comportamiento gro sero, irrespetuoso, agresivo consecuentemente y no demócrata, claro. ¿Cómo aprecia este panorama?R. Hay una especie de virus de la prisa en todo y todo se atropella; se practica una falta de respeto inquietante a veces. Pero no sé de qué viene eso, no lo sé.P. Usted ha conocido, vivido, pensado seguramente, muchas mujeres. ¿Conoce a la mujer?R. Es un mundo muy dificil; conozco algunas reacciones genéricas, pero profundizar es muy arduo. Admiro su capacidad de sacrificio y lo que trato es de entenderlas.

Tierra y familia

P. A pesar de su trayectoria más bien tumultuosa, usted y María Asunción, su esposa, se han mantenido unidos como una piña. ¿Qué explicaría ese fenómeno de actualidad resentida, y más en su profesión.?

R. Eso ha sido posible, sobre todo, por el carácter de Asunción, carente de egoísmo, repleto de generosidad. Lo ha sacrificado todo: amaba el teatro y lo dejó para entregarse a mí, al clan familiar, a mis amigos. Y, según ella dice, se entregó así por confianza en mí; le enamoró mi vocación, i:ni trabajo y el amor por mis padres. Nunca rompería con ella; sería una canallada, por favor. No entiendo bien cómo se puede dejar a una mujer porque se ha llegado a la madurez; pero eso pasa, es cierto.

P. Lo del clan familiar ha tenido siempre una fuerza presente en su vida; la sociedad posindustrial empero, no favorece esa unión cuasi sagrada que es una identidad en su vida; ¿cómo lo esclarecería?.

R. Todo viene de nuestra tierra, de nuestra familia y de la pobreza que hace solidarias a las gentes, y más aún a personas regadas con la misma sangre. Cuando no hay más remedio que repartir la escasez surge esa solidaridad y una especie de admiración, y también un cariño muy singular. Este cúmulo de sentimientos y vivencias se enraiza y sobrevive, va con uno; por lo menos ese es nuestro caso, y el mío naturalmente. Por el contrario, con mucha frecuencia, la vida social suele enfriar los sentimientos.

P. ¿Podría decirse que su profesión eran las mujeres pero que el cine lo desbarató todo?R. Desde pequeño me ha atraído las mujeres y el cine, pero también la poesía; la poesía es de lo que más me gusta en el mundo.

El cine y Rabal son uno. Pero ¿por qué subvencionar el cine y no a un sastre, artista igualmente? Esta bestia del espectáculo lo ve todo meridiano: "El cine es un medio para dar a conocer a Es paña, su identidad, más allá de las fronteras; pero si no se sub venciona no hay cine porque fal ta una industria". Nunca llegó a entender bien a Jean Luc Godard; nunca ha pqrísado en hacer un diccionario, pero de llegar a tal extremo "lo haría de lenguaje cinematográfico, que es de lo que más sé". Empezó ganando 32,50 pesetas diarias en el cine y hoy sólo se atreve a decir que es "de los actores más pagados". En los años setenta rozó el declive, "lo pasé mal, triste, melancólico, tuve que pedir dinero prestado".

Hoy elige las películas en función del guión y del director. No desearía dejar de hacer cine nunca: "Sería como morír". Su fuerza reside "en el interior; me meto en el personaje, dentro de su piel, hasta olvidarme de mí". Asunción, las mujeres, el cine, ¿quién le enseñó más a Rabal? "La vida, donde está todo eso y más".

P. Hoy, con la perspectiva de una trayectoria apasionada, alborotada en ocasiones, ¿barrunta laber sido un perdedor en alguna medida?R. No he perdido mi vida, la he ganado; nunca me he negado como hombre con ganas de vivir; y aún sigo. Pero me ha gustado ser persona antes de nada, un gozador de la vida y no de una sola cosa.

P. ¿Le sirve de algo el Diccionario de sexología que le regaló Buñuel?

R. ¡Pero si me ha desaparecido y no puedo consultar! Me confirmó lo que la vida ya me había enseñado.

P. ¿Qué necesita aprender con más urgencia?

R. Cuidarme físicamente, dejar de fumar, por ejemplo.

P. Usted ha vívido a dentelladas. ¿Cuál es la factura más cara que le ha pasado la vida?

R. Los dos accidentes de automóvil; pero también es cierto que la quietud, la familia y los amigos que me rodeaban, y la reflexión, me serenaron. Recuerdo que un banquero, en el trance, llegó a cerrarme las puertas, aunque tenía con qué garantizar lo que hubiese deseado.

P. Usted, al tratarlo, desprende algo de Picasso. ¿Qué es?

R. No sé, lo conocí poco. Me gustaría parecerme a Buñuel en su honestidad y respeto a los demás.

P. ¿Cuánto dinero habrá dilapidado con sus amigos?

R. Casi todo, pero eso habría que preguntárselo a Asunción, que es mi administradora. En París, un día me decía: "Gastamos mucho, Paco"; y yo le respondí: "¡Y lo bien que lo pasamos!".

Celoso aún

P. El anonimato ¿cómo lo aprecia?

R. No lo deseo; estoy contento con mi trabajo. Y la celebridad es una consecuencia de esa labor vocacional; sin duda alguna me gusta ser estimado y conocido.

P. ¿Qué clase social le gusta más para divertirse, juerguear llegado el caso, alternar, y para aprender, eso que a usted tanto le obsesiona.?

R. Iba a decir los artistas, pero no es eso, sino lo creadores.

P. ¿Cuándo dejó de ser celoso?

R. Si aún lo soy, aunque Asunción no me da motivos. De pequeño ya era celoso, porque a mi hermano le daban dos huevos y a mí uno solo.

P. Mirando al futuro, y aunque sólo fuere llegar a alcalde de su pueblo, Aguilas, ¿no le cosquillea la política?.

R. No, no me tienta, soy extrovertido; y para ejercer de político hay que tener de jugador de póker, hay que mentir, hay que fingir, y más; pero que conste que admiro a los políticos que han luchado.

P. ¿A la postre, es usted lo más próximo a la felicidad?

R. No creo que mi estado sea el de un privilegiado, pero al llevarme con mi familia y amigos, y por tener trabajo y salud normal, sí que estoy cerca de la felicidad.

P. Qué asco la muerte, ¿no?

R. Sí, qué asco; pero como sentenciaba una tía mía cada vez que alguien torcía el gesto cuando se llegaba a este término: "Todo el mundo tenemos que nacer, todo el mundo tenemos que morir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de marzo de 1989