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Graves disturbios en Bogotá por la muerte de Antequera

José Antequera, de 34 años, era el número dos de la Unión Patriótica. El viernes por la tarde se convirtió en la víctima 928 de la campaña de exterminio iniciada contra este movimiento de izquierda desde su creación, hace cuatro años. Las manifestaciones de protesta han provocado al menos un muerto y decenas de heridos. En el céntrico barrio Policarpas Salabarrieta, la pelea entre manifestantes y policía duró más de 10 horas y terminó en actos de vandalismo.

El viernes, cansado de tantas amenazas contra su vida, José Antequera decidió tomar un descanso en Barranquilla, su ciudad natal. En el aeropuerto internacional de Bogotá, cuando hacía fila para chequear su billete aéreo, se encontró con el dirigente liberal Ernesto Samper, uno de los candidatos a la presidencia. "¿Y tú todavía en el país?", le preguntó jocosa mente el senador liberal. El saludo fue interrumpido por ráfagas de ametralladoras accionadas por cinco individuos. Los guardaespaldas de los dos políticos respondieron al ataque y la terminal aéreo se convirtió por minutos en un campo de batalla. Antequera recibió 24 disparos; Samper, cinco. El primero murió casi instantánea mente; el segundo se recupera tras dos intervenciones quirúrgicas. Cinco personas más resultaron heridas, y "uno de lo que actuaron en forma ofensiva" también falleció.El vicepresidente de la Unión Patriótica, José Antequera, fue uno de los protagonistas de los últimos intentos por lograr la reconciliación nacional. El pasado miércoles, en el sepelio de Teófilio Forero, la anterior víctima de la UP, Antequera había afirmado que ese era un crimen orientado a sabotear el capítulo de diálogo y esperanzas de paz. "El presidente debe rectificar su posición y desmontar los grupos paramilitares", dijo. El dirigente de izquierda era partidario de que el Gobierno ampliara el diálogo iniciado con el M- 19 a todos los grupos insurgentes de Colombia.

La muerte de José Antequera, como todas las de la UP, fue una muerte anunciada. A diario recibía llamadas y cartas en las que le anunciaban el fallecimiento. Justamente la semana anterior el joven político tuvo que permanecer durante dos días en la sede del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), pues se descubrió un plan para asesinarle. "Nunca había sentido tanto miedo en mi vida", dijo en esa ocasión; pero también aseguraba que era consciente de que tarde o temprano iba a ser víctima de los asesinos. "Tete", como le llamaban sus compañeros, era abogado y había ingresado en la Juventud Comunista en sus años de estudiante. Desde hace un año le seguían permanentemente cuatro guardaespaldas y cuidaba, con celo un revólver que jamás abandonaba.

Una vez más, el atentado del viernes motivó desgarradoras frases de dolor. "Se trata de un hecho inicuo que tiene que con mover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidar¡ dad en momentos de crisis" afirmó el ex presidente conservador Misael Pastrana. "Es un compló contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno", afirmó el ministro de Gobierno Raúl Orejuela.

Por su parte, el partido comunista, repitió algo que había dicho personalmente al jefe de Estado hace apenas cuatro días. "La pasividad de Virgilio Barco es cómplice del atentado contra José Antequera y Ernesto Samper". El ex presidente del Directorio Nacional Conservador, Fabio Valencia, fue más allá al pedir la renuncia del presidente ante el fracaso de su política.

Al menos un muerto

El dirigente asesinado permanecerá en la capilla ardiente, hasta el próximo lunes, en la sede del Consejo de Bogotá. Ese día se realizarán las exequias tras un desfile por las céntricas calles de la ciudad. Hasta el momento, una persona ha muerto y decenas han resultado heridas en mítines de protesta organizados en varios puntos de la capital. Los incidentes más graves se produjeron en el barrio Policarpas Salabarrieta, populoso y céntrico sector.

Allí la lluvia de piedras y gases duró más de 10 horas y terminó en actos de vandalismo cuando los manifestantes entraron en el hospital materno infantil y destrozaron camas y cunas. ¿Cuál será la próxima víctima de esta guerra de exterminio? Dirigentes de la Unión Patriótica afirman que en Bogotá se encuentra un grupo de asesinos pagados por González y Rodríguez Gachas, uno de los más grandes narcotraficantes del país. Su objetivo, dicen, es aniquilar a todos los dirigentes de izquierda. Este año ya han caído 43 miembros de la UP. En un comunicado divulgado ayer, la dirección de este movimiento de izquierda, además de exigir la renuncia del ministro de Defensa, afirma: "Esta era una muerte anunciada. Lo sabía el Gobierno y su presidente, el señor Virgilio Barco. Lo sabían todos aquellos que financian, protegen, arman y sostienen a los grupos paramilitares".

Por tener también la certeza de su muerte, el presidente de la Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo, decidió viajar el pasado martes a Europa. "Regresaré cuando el Gobierno me dé garantías", afirmó al partir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 1989

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