Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:LA OBRA DE UN "ESCOLÁSTICO PURO"

La insumisión de un filósofo

La universidad Complutense de Madrid analiza en un homenaje la obra y el pensamiento de Gustavo Bueno

La obra y el pensamiento del filósofo Gustavo Bueno han sido analizados esta semana, en un homenaje organizado con motivo de su próxima jubilación, por un grupo de profesores y alumnos de la universidad Complutense de Madrid. Han asistido, entre otros, Carlos Paris, Alberto Cardín, Gabriel Albiac, Manuel Maceiras, Quintín Racionero y Antonio Santesmases, así como los vinculados al llamado Grupo de Oviedo. Gustavo Bueno, nacido en 1924 en Santo Domingo de la Calzada, es titular de la cátedra de Filosofía de la universidad de Oviedo desde hace casi 30 años y se ha definido como un "escolástico puro". En estas páginas se publica un artículo sobre la intervención que en el citado homenaje tuvo Gustavo Bueno en torno al tema Materialismo y política, así como un análisis sobre su pensamiento.

Al revisitar la Complutense y el edificio que se conserva intacto en su decrepitud; cuelga de lo alto del vestíbulo una ajada pancarta con "insumisión", término de intangible belleza, evocador de litronas y de aquella revolución trocada en ruptura.La paradoja de la Academia quiere que por detrás de esa pancarta esté el aula llamada paraninfo, un espacio inutilizado entonces y que ha recobrado su solemnidad merced a unos espantosos cortinones rojos. En el centro de la mesa alargada un filósofo escucha y observa tras las lentes.

Quienes intervienen en su homenaje hablan seriamente, pero él puede permitirse el lujo de mover a risa al auditorio repartiendo ironía a diestro y siniestro. Empieza por referirse a la subjetividad y la define como una esfera (no en vano está seguro de que el prototipo del racionalismo en nuestra cultura y en todas es la geometría clásica).

Una estructura que es una estructura subjetiva limitada por unas coordenadas temporales que van desde el estado adulto hasta la muerte: "El que no tiene esta conciencia está loco. Esa conciencia procede exclusivamente de la vida social; es decir, es imposible en cualquier sociedad primitiva secundaria tener conciencia de la muerte si no es por la muerte de las otras personas". Y aprovecha para lanzarse por los mares de lo social, contra corriente de las subjetividades que hoy se defienden "al estilo del cretinismo político de Popper y de sus acólitos, que practicado en este país resulta cretinismo al cuadrado".

Salta a finales del franquismo, para reforzar las poco inocentes contradicciones entre teoría y praxis y recuerda la anécdota de cuando le fue ofrecido un carné de honor del partido comunista y le dijeron aquello de que "no, si tú aquí puedes pensar lo que te dé la gana", su perplejidad, y la coña al respecto de los intelectuales, las fuerzas de la cultura: "Nunca he sabido lo que eso significaba, como si esas extrañas fuerzas vinieran a tomar el poder". El predominio de la praxis y el hecho de que las ideas no importaran casi riada: "Entonces yo estaba codo con codo con la teoría de la liberación de la época, aquel clero, sí, muy simpático, los rojos".

Teoría de la liberación

Pasa a la teoría de la liberación de ahora, la de Latinoamérica, y muestra hilaridad por haber sabido que un sector de la guerrilla guatemalteca incluye a Zubiri entre sus líneas. Declara el absurdo de la defensa general de la praxis por la praxis. Tan absurdo como establecer la discusión entre una filosofía materialista o no materialista: "La fflosofila o es materialista o no es filosofia, ésa es la tesis fuerte. Materialismo es lo mismo que racionalismo, y racionalismo es lo mismo que práctica. La determinación que imponen las cosas mismas, lo cualestá en la base del materialismo. Así apuntado supone que la relación de cooperación es básica, y por eso el materialismo es producto de sociedades históricas. Aquí es donde el marxismo nos ha educado, en el sentido de que ese trabajo cooperativo es totalmente esencial porque el trabajo individual no existe".

Ahora enlaza materialismo y política y refiere su discusión antigua con Tierno Galván acerca de una sociedad de consumidores satisfechos. "Una política social destinada a conseguir en España consumidores satisfechos no me importaba, y si para ser socialista había que apuntarse a esa idea, no me interesaba. Esa satisfacción es necesariamente la permitida, y consiste en convertir las subjetividades en unas máquinas de segregación de sentimientos placenteros que no tienen importancia ninguna. Por la misma razón podría uno proponerse conseguir una sociedad en la que los sujetos segregasen sensaciones no placenteras, de genteabsolutamente aterrorizada, por ejemplo. No tengo razón filosófica en principio para preferir una cosa a la otra yo lo que critico es la ausencia de conciencia verdadera, la conciencia falsa".

Insultos

Gesticula y amplifica hasta la democracia como respeto a las opiniones de los demás, lo cual, así dicho, sin más, le parece la más absoluta falta de respeto a la inteligencia humana: "Yo no puedo respetar la opinión de alguien que me está diciendo que es Napoleón o que tiene relación directa con el Espíritu Santo; si alguien afirma como verdaderas proposiciones que son indemostrables, me está insultando".

Lógicamente, su pensamiento conduce a que la filosoria suponga necesariamente la crítica, la destrucción de todo lo que no sea. "No digo que la filosofía sea necesaria socialmente, ¿por qué?, lo único que me atrevería a decir es que una sociedad quedadefinida según el nivel de filosofía que tenga, que ya es bastante. Efectivamente, se puede pasar, como en el sistema actual, de filosofia, y recluirla en unos guetos académicos, en unas traducciones del inglés que nadie lee; se puede pasar, entre otras cosas, por el sinfin de sucedáneos que existen, como la antropología, la sociología, el psicoanálisis...".

A pesar de lo cual, o precisamente por eso, la labor de la filosofia hoy es aún más decisiva. La pregunta ha quedado reducida a .cuántos votos, cuántas divisiones" y la ruptura nos ha llevado "al convenio de la Zarzuela, a la continuidad plena de la época franquista que a su vez fue el desarrollo de una forma de capitalismo". El maestro es, no obstante, confiado, y cree que por razones históricas están arraigadas las semillas de crítica a las imposturas. No tiene pelos en la lengua y asegura que entre esas imposturas están las de la izquierda, que sigue engatusando con la idea de que en el marxismo está la esperanza: "Desafio a cualquiera a que me diga hoy lo que es el marxismo. Redefinirlo es una de nuestras misiones. Hace años que vengo defendiendo la necesidad de hacer con Marx lo que Marx hizo con Hegel: hay que ponerlo del revés". Y, por fin, dinamita sin ambages el concepto de proletariado: "Se ha ido disolviendo lo que fue algo así como un demiurgo materialista, hoy ni es clase universal ni es nada". Antes ha dado un capón cariñoso a algunos de sus díscípulos que plantea que la filosoria se encuentra ahora en una especie de guerra de trincheras a la espera de la lucha final. "No lo creo porque no creo en el futuro, esa categoría metafisica que es un círculo cuadrado".

Cuando Gustavo Bueno termina de hablar, quien escucha recuerda que una vez sí creyó en el futuro. Ahora tampoco cree, lo cual alivia. A pesar de que el capital se haya socializado mas y de que los wateres de la facultad estén incomparablemente más guarros que entonces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de enero de 1989