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El jefe del Ejército argentino dirige el asalto a un cuartel ocupado por tropas rebeldes

La grave crisis militar que enfrentó al Ejército de Tierra con unos 250 efectivos sublevados en la Escuela de Infantería, a 30 kilómetros al norte de Buenos Aires, al mando del coronel Mohamed Alí Seneldín, parecía resuelta esta madrugada, horas después de que tropas leales y rebeldes intercambiaran disparos de artillería en torno al cuartel en el que estaban atrincherados. Al menos un oficial leal murió a consecuencias de los enfrentamientos y un número no especificado de soldados resultaron heridos, según informes militares.

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Seineldín se reunió primero con el jefe de Estado Mayor, general José Caridi, a quien le planteó las condiciones para su rendición y recibió luego al general Francisco Gassino, director de Institutos Militares, en el casino de oficiales de la Escuela de Infantería, donde estaba atrincherado. Caridi le aseguró al ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, que la situación estaba bajo control y que "por hoy" se había superado.Seineldín exigía la declaración de una ley de amnistía para todos los militares condenados o acusados de graves delitos a los derechos humanos durante la dictadura, un aumento sustancial del presupuesto militar, la remoción del alto mando y la reinvindicación de las fuerzas armadas durante la guerra sucia. El vicepresidente Víctor Martínez, en ejercicio de la presidencia por la ausencia de Raúl Alfonsín -que concluyó anoche su visita a México y Estados Unidos, donde habló ayer ante la Asamblea de las Naciones Unidas, y emprendió de inmediato el regreso a Buenos Aires- reclamó al general Caridi "la rendición incondicional" de los sublevados.

El ataque militar contra las posiciones rebeldes había sido conducido personalmente por el general Caridi, a las 17.20 (20.20, hora peninsular española).

Poco antes de comenzar el asalto, Caridi se reunió con Seineldín y le exigió la rendición. Los dos oficiales discutieron duramente y se mostraron dispuestos a resolver por la fuerza el conflicto interno del arma.

Caridi apostó sus fuerzas en la Escuela de Suboficiales próxima a la Escuela de Infantería, dentro del recinto de Campo de Mayo, y desde allí ordenó batir la zona con disparos de mortero, obuses, ametralladoras y fusiles livianos. Los sublevados respondieron el ataque y durante unos 40 minutos se escucharon las explosiones dentro y fuera de la escuela. Algunas balas de mortero estallaron sobre las rutas que bordean los institutos del Ejército de Tierra que funcionan dentro de la guarnición.

Tregua

El fuego cruzado cesó después de que un disparo de mortero hiciera impacto en un edificio interno de la Escuela de Infantería. Desde afuera se observó el humo y dos ambulancias ingresaron al lugar a toda velocidad. Seineldín abandonó la Escuela de Infantería en un automóvil y se dirigió hacia el comando leal para parlamentar nuevamente con Caridi a las 18.42 (hora local). Cuando los periodistas le rodearon sólo declaró: "Estamos luchando por el Ejército de la patria; queremos una ley que nos defienda".

Desde que se ordenó el alto al fuego las tropas de ambos bandos retrocedieron hasta las posiciones que ocupaban al iniciarse el ataque. A medida que se prolongaba la tregua se notó cierta distensión entre los oficiales y suboficiales. Las fuerzas leales recibieron refuerzos de hombres, armas cortas y tanques. Los rebeldes no desactivaron las minas que habían colocado en los accesos a la Escuela.

Antes de que se iniciara la batalla en Campo de Mayo, un comando militar intentó forzar la guardia del penal militar de Magdalena, ubicado a unos 50 kilómetros al sur de Buenos Aires, donde cumplen condena, entre otros, el ex general Jorge Videla y el teniente coronel Aldo Rico. La resistencia de los gendarmes encargados de la custodia del penal obligó al grupo a huir.

[El vicepresidente del Gobierno español, Alfonso Guerra, manifestó ayer al vicepresidente argentino Martínez la solidaridad española con el Gobierno constitucional, informa Fernando Jáuregui desde Rodas].

El cuadro es similar al de la Semana Santa de 1987, cuando el entonces teniente general Aldo Rico se amotinó en la misma Escuela de Infantería para dar comienzo a lo que llamó Operativo Dignidad. Esta vez la rebelión comenzó en la base Albatros que la Prefectura Naval tiene a orillas del Río de la Plata en la localidad bonaerense de Olivos, a sólo 10 calles de la residencia presidencial, donde unos 60 suboficiales tomaron la guardia en la madrugada del jueves y huyeron, tras cargar tres camiones con armas y municiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de diciembre de 1988

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