La deuda externa asfixia al Gobierno venezolano

El Gobierno de Jaime Lusinchi ha solicitado a los acreedores de Venezuela el establecer conversaciones para refinanciar por tercera vez su deuda externa, que asciende a 21.000 millones de dólares (casi 2,5 billones de pesetas). Al iniciarse el proceso, quedaría en suspenso el pago de capital hasta que se firme la nueva programación de los vencimientos.

Sin embargo, como aún no se ha determinado la duración de la negociación, ni siquiera cuándo comenzará, el Gobierno se muestra asfixiado en el corto tiempo que le queda hasta las elecciones, debido a las presiones de los cobradores extranjeros, a la disminución de sus ingresos por la caída de los precios petroleros y, en consecuencia, al grave saldo en rojo de su balanza de pagos, estimado entre 2.000 y 3.000 millones de dólares.

Las autoridades financieras venezolanas no han conseguido en sus viajes a Estados Unidos, Japón y Europa el dinero fresco de 1.500 millones de dólares para aliviar su déficit. Los banqueros sólo han puesto condiciones para este nuevo préstamo: someterse a la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI), aplicar. estrictas medidas de ajustes y poner en garantía el petróleo y el oro de las reservas internacionales venezolanas.

En vista de que aplicar tales condiciones sería impopular en las vísperas de las elecciones, el Gobierno ha dicho que no aceptará las imposiciones de los banqueros.

Sin embargo, los analistas juzgan extraña la forma en que maneja las cuentas externas, pues los ingresos petroleros siguen deprimidos, las importaciones igual, no se han recibido préstamos externos, la cuota de los 5.000 millones de dólares de este año se ha pagado puntualmente, y las reservas internacionales no han bajado mucho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 30 de octubre de 1988.

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