Crítica:Crítica
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El encanto de la tradición

Carlo Colla e Figli forman una compañía de marionetas que trabaja sin cesar desde hace más de siglo y medio, mediante el relevo de generaciones. Y su espectáculo Excelsior tiene, casi tal como lo vemos ahora, más de un siglo. Es un visitante de otros tiempos. Los infinitos muñequillos nos cuentan, entre su desembocadura y sus escenarios de papel pintado, una gran ilusión de su tiempo: el progreso. Luchan el espíritu de las sombras -lo retrógrado, lo inmovilista, el oscurantismo- y el hada de la luz que, lógicamente, gana. Se ve la inauguración del canal de Suez, los dirigibles y los. barcos a vapor, el telégrafo, la excavación del túnel entre Francia e Italia, y se canta ese progreso en el que insistentemente aparecen unidas todas las naciones. Hoy hay algunas otras meditaciones sobre la ciencia y el internacionalismo; permiten ve aquel ideal graciosamente representado por las marionetas como una cierta ingenuidad de nuestros antecesores y precisamente esa ilusión de niños, de menores o cositas domésticas que dan los muñecos, se añaden a ese aspecto frecuente con el que contemplamos el pasado como si nosotros fuésemos los padres sabios de nuestros antepasados. El público gustó de todo, se deleitó con los movimientos ágiles/torpes de las figuras, rió a veces a carcajadas por resortes infantiles que funcionan en cuanto se les da alguna ocasión; y se conmovió de emoción cuajado, al levantarse los bastidores, se pudo ver a los marionetistas, viejos y jóvenes, con el tránsito abierto del pasado hacia el futuro, mostrando sus tramas y el suavísimo, rítmico, sabio movimiento de sus manos capaces de hacer seguir a sus personajes la música de la orquesta que trabaja en el foso. Es admirable este amor a la tradición que muestra este país por las de los demás, cuando aquí hay una demolición diaria del pasado, lejano o inmediato. La ansiedad por lo moderno, fruto de un sentimiento de retraso justificado, ha ido aquí a extremos demasiado lejanos, y se han perdido, o se están dejando perder, y no solo en el campo del teatro, fuentes ricas de conocimiento y cultura, incluso con un sentimiento de fruición cada vez que el hacha se lleva algo, o alguien añade inflexiones nuevas a las construcciones anteriores. Por eso cuando se ve, como en este caso, aplaudir con entusiasmo la tradición mantenida aparece una contradicción.Para los no vocacionales, la corta duración del espectáculo mitiga la posibilidad del aburrimiento.

Excelsior

De Luigi Manzotti (1884). Música de Romualdo Marenco. Compañía de Carlo Colla e Figli, de Milán. Director: Eugenio Monti Colla. VIII Festival de Teatro de Madrid. Teatro de la Comedia. 3 de marzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 04 de marzo de 1988.

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