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LA SEGURIDAD DEL VIEJO CONTINENTE

Europa se pone en guardia

Las propuestas francesas impulsan la cooperación sobre defensa

Francia y la República Federal de Alemania (RFA) hablan de crear una unidad militar mixta y un Consejo de Seguridad Militar. La Unión Europea Occidental (UEO) aprobará en breve una nueva carta de principios. París y Madrid elevan a rango de grupo el actual subgrupo sobre coordinación en el Mediterráneo. Francia e Italia siguen caminos similares. París y Londres hablan por primera vez de la posibilidad de una mayor coordinación de sus armas nucleares nacionales. La Comunidad Europea trata de temas de seguridad y ha vuelto a hablar de la cooperación en el campo de las industrias armamentistas, y el Grupo Europeo Independiente de Programas sigue su curso.

La brisa de la defensa europea empieza a soplar, y puede que antes de lo que imaginamos se haya convertido en viento. Europa comienza a salir de su letargo. Son ideas que vienen de lejos y que responden a varias motivaciones. Desde las dudas sobre la garantía estratégica norteamericana para la defensa de Europa -reforzadas con la perspectiva de un acuerdo entre EE UU y la URSS para suprimir los euromisiles y después reducir en un 50% sus arsenales estratégicos- hasta un mayor acercamiento de Francia a la OTAN, o la necesidad para las industrias de armamento europeas de competir con Estados Unidos.Pero todo gira en tomo a París. Y el eje París-Bonn, en unos momentos que no parece funcionar muy bien en la Comunidad Europea, parece reforzarse en el terreno de la defensa. La creación de un Consejo Militar común, para coordinar la acción de ambos ejércitos, armonizar los análisis de ambos países sobre seguridad, armamento y organización y empleo de fuerzas mixtas fue lanzada por el presidente francés, François Mitterrand, el pasado 24 de septiembre, curiosamente en unas importantes maniobras conjuntas en la RFA, donde por vez primera actuó -sin arrollar- la Fuerza de Acción Rápida francesa. En realidad, tal Consejo Militar no vendrá sino a formalizar los intercambios que ya existen en diversos grupos conjuntos.

Francia y la RFA han hablado de crear una unidad mixta. En un principio se habló de una brigada conjunta, pero posteriormente la idea parece dirigirse hacia una unidad, más eficaz, de mayor calibre. Y España se ha sumado a esta reflexión. Este proyecto es bien acogido por algunos aliados, que ven así una forma para que Francia se acerque más a la OTAN. Pero puede plantear problemas si para participar en tal unidad parte de las fuerzas alemanas se retiran de la cadena de mandos integrados de la OTAN, dado que Francia no pertenece a la estructura militar integrada de la OTAN. Algunos países esperan a ver realmente en qué se concreta: ¿qué misiones y qué fuerzas?, pues esto es lo principal para rebasar lo que sería de otro modo un mero símbolo.

Iniciativa simbólica

En junio pasado, el general Wolfgang Altenburg, presidente del Comité Militar de la OTAN, comentó que se trataba de una "iniciativa simbólica" que acercaría París a la Alianza Atlántica en lugar de alejar a Bonn. Por esos días, Helmut Schmidt, ex canciller de la RFA, se pronunciaba en la Sorbona a favor de la "integración de las fuerzas convencionales francesas y alemanas bajo las órdenes de un Estado Mayor francés". No obstante son muchos los que en Bonn consideran poco realista el intento de presentar la creación del Consejo Militar y la unidad conjunta como el comienzo de una auténtica integración de la defensa de Francia y de la RFA.

Se ha demostrado que la diferencia cualitativa de armamento y equipo entre franceses y alemanes es tan grande que estos últimos piensan que en caso de peligro el apoyo convencional francés no serviría para mucho. En conversaciones privadas, asesores militares de la RFA han manifestado que las recientes y muy cacareadas maniobras francoalemanas Gorrión audaz fueron un desastre, justamente en razón de esas diferencias en la calidad de los respectivos armamentos. La prioridad que se da en los presupuestos franceses al armamento nuclear ha creado tal desfase entre el material de punta alemán y el más que mediano material francés, que a muchos, en la RFA, parece hoy insalvable.

Sí está claro, sin embargo, que la RFA no es defendible sin la ayuda de Francia, por su Hinterland, sus aeropuertos y puertos de mar. Pero también existen serias dudas en la RFA sobre la disponibilidad real de la ayuda de Francia en caso de conflicto. Los franceses parten, en general, de la base de que su intervención se haría necesaria cuando la defensa frontal de la OTAN en la RFA estuviera ya derrotada. Los franceses rechazan en su doctrina militar la posibilidad de una lucha convencional continuada.

En los últimos años mucho se ha hablado de que Francia ampliaría la cobertura de su disuasión nuclear a la RFA, y ello por parte de diversos sectores del espectro político francés. Una unidad mixta sería así una garantía también para las tropas alemanas que participaran en ella. La garantía francesa va al menos allí adonde van sus fuerzas.

Los franceses parecen dispuestos a ampliar este tipo de colaboración a otros países una vez demostrado que funciona con la

Europa se pone en guardia

RFA. Pero en su esquema, que cubre tanto la Europa continental como el Mediterráneo, el Reino Unido no tiene cabida, salvo quizá en lo nuclear. Fuentes británicas se han mostrado irritadas, con este planteamiento: "Después de todo tenemos a 75.000 hombres en el Rin".La cooperación entre París y Londres en el terreno nuclear puede ser prometedora. Un año atrás, los entonces líderes de la Alianza Liberal- Socialdemócrata del Reino Unido, David Steel y David Owen, viajaron a París para hablar justamente de la posibilidad de crear una disuasión nuclear franco-británica. Entonces fueron el hazmerreír de buena parte de la clase política británica. Ahora sus críticos ya no ríen tanto tras la entrevista entre los ministros de Defensa de ambos países, André Giraud y George Younger, en la que se habló de la posibilidad de cooperación en el terreno nuclear. "Con el Reino Unido estamos dispuestos a ir tan lejos como sea posible, incluso coordinar las patrullas de nuestros submarinos nucleares y llevar a cabo estudios comunes sobre una nueva generación de armas nucleares", según medios diplomáticos franceses. El ex presidente francés, Valery Giscard d'Estaing sugirió poco después la creación de la "doble disuasión, con un mayor papel nuclear para Europa".

Todo esto coincide con un creciente papel de Francia en la OTAN y un también creciente temor francés a quedarse al margen de las grandes decisiones que se toman en la estructura militar de la OTAN. Según fuentes diplomáticas francesas, en Francia, que abandonó en 1966 la estructura militar integrada de la Alianza Atlántica, se considera ahora que hay que incrementar de modo radical la cooperación entre las industrias de armamento europeas. Si antes la amenaza del Pacto de Varsovia era fundamentalmente terrestre, ahora es también aérea, por lo que París ha reforzado su cooperación con la OTAN en la materia. Esto queda ilustrado en las grandes maniobras aéreas en las que Francia participó en marzo pasado junto a ocho países de la OTAN, con más de 8.000 salidas desde 52 bases francesas.

En cuanto a otros países, Holanda fue el primero que se pronunció a favor de la brigada o unidad mixta, y anunció su intención de tomar parte en ella. Italia se mostró más cauta al principio, aunque cuando el primer ministro, Goivanni Goria, se entrevistó en septiembre en París con Mitterrand, "mostró interés" en la idea, según el Elíseo.

La carta de la UEO

La atención se va a centrar en los próximos días en la reunión conjunta de ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa, el 26 y 27 de octubre en La Haya, de la UEO (Francia, Reino Unido, RFA, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) que debe, a iniciativa francesa, aprobar una carta que codifique la política y la estrategia europea en materia de defensa. No se trata con ello de crear una auténtica defensa europea, sino una dimensión europea de la defensa y reforzar así el pilar europeo de la OTAN.

Este informe ha sido realizado por (Madrid), Ignacio Cembrero (Bruselas) y Hermann Tertsch (Bonn).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de octubre de 1987

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