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Reportaje:

Resucitando al general

Los sucesores de Omar Torrijos desempolvan su figura para hacer frente a la actual crisis panameña

El pasado viernes se cumplió el sexto aniversario de la muerte en accidente de aviación del general Omar Torrijos Herrera, el hombre que puso a Panamá en el mapa, dicen sus seguidores. Han sido años en los que la mecha encendida de la crisis ha ido corriendo hasta explotar el pasado 12 de junio con unas declaraciones del coronel Roberto Díaz Herrera contra el general Noriega. Años en los que los dirigentes panameños no han conseguido encontrar un puesto para su país, ni entre las naciones democráticas, ni entre los Estados revolucionarios. El país está ahora, en realidad, en plena crisis de definición. Noriega ha fracasado en su intento de ofrecer una doctrina propia, los 'torrijistas' han estado saboreando los beneficios de épocas pasadas, y Panamá, mientras, se ha acercado al grado de conflictividad de sus vecinos.

Manuel Antonio Noriega estará ahora, con toda seguridad, arrepentido de no haber incluido en su libro 200 pensamientos del general Noriega una sola referencia a Omar Torrijos. De haberlo hecho, podría utilizarla en éste, el peor momento de su vida política, y habría justificado con más credibilidad la precipitada resurrección del general; cuya memoria han desempolvado sus sucesores, en un intento desesperado por salvar el pellejo.Panamá está en plena fase de lo que oficialmente se llama de recuperación torrijista. La Radio Nacional emite cuñas donde la voz de Torrijos recuerda, de forma elemental y convincente, los principios de su original revolución.

A la familia del general -criticada y dispersada antes- se le ha vuelto a dar espacio en la vida política del país. Y los viejos retratos de Torrijos con un atractivo mechón sobre la frente y un puro entre los dedos han vuelto a adornar despachos y centros oficiales.

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Después de seis años de destorrijización, los militares y los dirigentes políticos panameños, culpables de un delito de parricidio político, han recurrido urgentemente a la imagen de quien se considera constructor de la nación panameña, conscientes de que no pueden enfrentarse solos a la ofensiva de la derecha, a las presiones de Estados Unidos y al creciente descontento de la población.

Los oficiales que Omar Torrijos formó y el partido político que legó al país a su muerte en accidente de aviación en 1981, el Partido Revolucionario Democrático (PRD), no han sido capaces durante mes y medio de crisis de convocar una manifestación de apoyo al Gobierno, entre otras razones, porque albergaban serias dudas de que el pueblo, libremente, la respaldase.

Banderas desgastadas

"La bandera del nacionalismo la tenemos muy gastada, el Gobierno no es popular y el general Noriega no es de ninguna manera un aglutinante. Entonces, ¿con qué sacamos a la gente a la calle? Sólo nos queda la figura de Torrijos, y para eso puede ser demasiado tarde". Así se expresaba recientemente un alto e influyente dirigente del Partido Revolucionario Democrático, convencido de que sólo un retorno de ese partido a sus orígenes ideológicos y sociales puede evitar que de aquí a las elecciones de 1989 el torrijismo, el proceso revolucionario, sea borrado definitivamente del mapa.La crisis desatada el pasado junio a raíz de las declaraciones contra el general Noriega del coronel Roberto Díaz Herrera, precisamente el que estaba considerado hasta ahora como el principal mentor del torrijismo dentro de las fuerzas armadas, ha puesto en evidencia el grado de descomposición al que había llegado Panamá.

El PRD se había convertido desde hace tiempo en una fábrica de prebendas e influencias, y Noriega, en la cúspide del poder, no ha conseguido borrar con sus intermitentes gestos nacionalistas una imagen de corrupción y falta de ética. Aunque la oposición no ha podido nunca presentar pruebas firmes contra él, las acusaciones de narcotráfico, entre otras, han dañado enormemente su figura entre las clases medias. Los más complacientes con la gestión de Manuel Antonio Noriega no le pueden perdonar que haya utilizado su cargo para amasar una fortuna que se supone cuantiosa. "Torrijos murió con lo mismo que llegó al poder; en cambio, Noriega se ha convertido desde su acceso a la jefatura de las Fuerzas de Defensa en uno de los más grandes millonarios del país", opina un miembro del PRD, antiguo colaborador de Torrijos.

Otro destacado dirigente del partido presidido actualmente por Rómulo Escobar cree que "la fortuna de Noriega está relacionada con las ventajas que supone su posición de hombre de poder, pero no está basada en mordisqueos del presupuesto nacional". Además de su astucia para la política, se le reconoce al general Noriega un gran instinto para los negocios y se sabe de varios éxitos suyos en importantes operaciones financieras internacionales y nacionales, entre estas últimas la participación, como socio del gallego Riande, en la mayor cadena de hoteles de Panamá.

Ramiro Vázquez Chambonet el líder del sector más torrijista del PRD -lo que internamente se conoce como la tendencia- considera que "hay que ser más enérgicos contra la corrupción que se pueda dar entre los miembros del Gobierno, porque este es uno de los temas que más negativamente han influido en nuestro pueblo".

Otra de las razones, según Vázquez, de la permisividad con que la población ha seguido el levantamiento de las clases alta y media es "un descontento real que, en lo político, se explica por el abandono de lo que fue el proceso torrijista y la tendencia a la burocratización estatal. En 1984 se sustituyó un régimen de representación popular por un régimen burocrático de dirección política".

La destorrijización se inició antes de las elecciones de 1984. En realidad, desde el "sino momento en que, caliente todavía el cadáver del general, otro general, Rubén Darío Paredes, entendió que lo mejor para Panamá era asegurarse una relación sin tensiones con Estados Unidos dotándose un sistema homologable a los que Washington quiere para la región. Paredes abandonó todos los ingredientes audaces de la política exterior de Torrijos y prometió retirar a su país del Grupo de Contadora, del que forma parte desde su fundación junto a Colombia, México y Venezuela.

Una parte de su programa renovador era el alejamiento de los militares de las labores políticas, y él mismo quiso dar ejemplo renunciando a la jefatura de la guardia nacional para presentarse como candidato a las elecciones presidenciales, en el convecimiento de que recibiría el respaldo de los militares.

En aquel momento Noriega despidió públicamente a Paredes, reputado paracaidista, con un expresivo: "Rubén, te deseo un buen salto". Pero el paracaídas no se abrió y Paredes sufrió una estrepitosa derrota. Este revés político le produjo un sufrimiento comparable sólo al que sintió cuando, un año después, un grupo de narcotraficantes con una cuenta por saldar mató a su hijo en Medellín.

Manuel Antonio Noriega pasó a disfrutar desde 1983 de mayor cuota de poder que ninguno de sus antecesores. El y los dirigentes del Partido Revolucionario Democrático siguieron creyendo que el mantenimiento de una opción conservadora en el Gobierno tranquilizaría a Estados Unidos y abriría las puertas de los organismos internacionales de crédito.

Los presidentes

La consecuencia de este planteamiento fue la designación como candidato presidencial en 1984 de un fondomonetarista, Nicolás Ardito Barletta, que obtuvo el carné del PRD un mes antes de los comicios. Su gestión fue desastrosa y los militares tuvieron que prescindir de él de una forma tan antidemocrática como fraudulenta había sido su victoria electoral.Ardito Barletta fue sustituido por un multimillonario cardiaco, Eric Arturo del Valle, miembro de un partido conservador que se presentó a las elecciones en coalición con el PRD. A la primera oportunidad, Delvalle ha dado muestras de querer abandonar el barco y hoy se cruzan apuestas sobre cuántos meses resistirá en la presidencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de agosto de 1987