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Viaje sentimental a las raíces españolas de Günter Wallraff

El escritor buscó en l'Hospitalet huellas de la estancia de su padre, emigrante hace medio siglo

El reciente viaje a España del escritor y periodista alemán Günter Wallraff para promover su último libro, Cabeza de turco (publicado por Anagrama), tuvo una faceta poco conocida durante su estancia en Barcelona, en la que combinó su pasión por la investigación directa y el deseo de explorar en sus propias raíces personales. Más allá de conferencias de prensa y reiterativos relatos de su experiencia disfrazado de trabajador turco en la República Federal de Alemanía, Wallraff dedicó uno de sus días en nuestro país a rastrear las huellas de su padre, otro alemán aventurero que residió en la localidad barcelonesa de l'Hospitalet de Llobregat de 1922 hasta 1936.

El hombre de atento mirar, sentado en un banco junto a un grupo de jubilados en la plaza mayor de l'Hospitalet de Llobregat, es un escritor de éxito. Es cierto que su austera vestimenta y su actitud discreta no le delatan -en esta mañana del cinturón industrial de Barcelona- como un visitante alemán recién salido del Hotel Ritz para una rara excursión privada en medio del viaje de promoción de su último libro. Pero posee una extraña e inquietante (o fascinante) habilidad mimética; se nota que es capaz de confundirse y difuminarse en el paisaje humano hasta alcanzar la invisibilidad del anonimato.Pocas personas que vean y no conozcan a este caballero más bien corpulento, calvicie incipiente y aspecto intelectual, sospecharán que Günter WalIraff fue hasta hace poco -y durante más de dos años- un joven y relativamente frágil trabajador turco llamado Alí, ocupado en las tareas que están Ganz Unten (debajo del todo) en la escala laboral de la RFA. Así -Ganz Unten- tituló Walliraff la edición alemana de su libro, la obra más vendida en la Alemania de posguerra y un éxito de crítica y lectores en todos los países donde se ha publicado.

Por las mismas razones de apariencias engañosas, todavía es más difícil suponer que Wallraff ha llegado hasta el cinturón industrial en busca de huellas de su padre, un personaje con su mismo gusto por la aventura, que huyó sucesivamente de su casa y de la Legión Extranjera para acabar estableciéndose durante 14 años en L'Hospitalet, regentando una tienda de electrodomésticos.

"Desde su regreso a Alemania al estallar la guerra civil española, y desde que yo puedo recordar, mi padre mantuvo vivo el recuerdo de aquí, hasta el punto de que algunos de sus amigos le llamaban El español", cuenta Wallraff. "Siempre dijo que vendríamos, que tenía que traernos, pero no había dinero para un viaje de toda la familia y él murió en 1958 sin haber vuelto aquí".

Un lugar distinto

"Aquí", sin embargo, ya no es el mismo lugar que en 1922. Cuando Josef Wallraff -un joven alemán con muchos kilómetros y no pocas aventuras a sus espaldas- llegó, I'Hospitalet era un pueblecito de las afueras de Barcelona, con campos de lechugas, patatas y tomates, y donde se habían instalado algunas fábricas que permitían acoger a las primeras oleadas de inmigrantes.La ciudad a la que Günter Wallraff llega medio siglo después, a sus 44 años de edad y también con no pocos lances tras de sí, es una metrópolis de 295.000 habitantes convertida en suburbio industrial, ciudad-dormitorio y caldo de cultivo para todos los problemas que pueden ocasionar una inmigración masiva unida a un crecimiento urbano especulativo e incontrolado.

"Mi padre vivió aquí su auténtica juventud, encontró a su primera esposa y los primeros amigos duraderos", cuenta Wallraff, mientras trata de descifrar los grafitos garabateados por diferentes tribus urbanas en un muro de l'Hospitalet. "En Alemania, nunca se había llevado bien con la familia. Un día escapó; recorrió Europa y el norte de Africa, e incluso se alistó en la Legión Extranjera, pero desertó el primer día de paga".

España en la memoria

"Al llegar a Barcelona, en 1922 estaba sin dinero y encontró trabajo en la empresa alemana AEG. Se estableció en l'Hospitalet y, con el tiempo, llegó a tener una tienda de electrodomésticos propia. Se unió a una española, Rosario Burguillo de la Cruz, nacida en un pueblo llamado Ojos Albos [en la provincia de Ávila, a 16 kilómetros de la capital, ahora con 31 habitantes censados], y luego se marcharon a Alemania, en 1936. Rosario no soportó el clima y murió en 1938 de pulmonía. Luego vino la guerra mundial y mi padre perdió bastantes de sus contactos con España. Un poco más tarde se casó con mi madre, y yo nací en 1942, pero desde entonces hasta su muerte, en 1958, mi padre no olvidó nunca sus años en España", cuenta el escritor.Pese a todo, Wallraff conserva aún la antigua dirección de su padre (una calle que ya no existe), junto con una cartilla de ahorro de la Caja Postal (cuya sede ha cambiado de lugar), una entrada de 1926 para una corrida de toros y unos naipes viejos. Con ellos, y con la misma minuciosidad con la que se disfrazó de turco o desenmascaró las prácticas de la prensa sensacionalista alemana, ha hecho un silencioso recorrido por las calles de l'Hospitalet buscando lugares que no halla y mirando fijamente a los ojos de la gente, que en su mayoría son trabajadores hijos de una emigración, un papel que ya conoció su padre y una situación de la que él mismo ha probado los peores perfiles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de marzo de 1987