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LA PLAGA DEL SIGLO XX

Un pueblo de Cantabria se opone a escolarizar a tres huérfanos de una mujer víctima del SIDA

, El 80% de la población de Udías, un pueblo de 909 habitantes situado a 50 kilómetros de Santander, se opone a la escolarización en el centro local de Pumalverde de tres niños pequeños, huérfanos de una mujer víctima del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) el pasado 11 de febrero. La mujer, Diana Cianca, casada: con Nemesio Puente, de 45 años (obrero en paro), falleció en el hospital de Cruces (Vizcaya), y había contraído la enfermedad en un sanatorio de Cantabria a causa de una transfusión de sangre que le fue practicada a raíz del último de sus alumbramientos, hace seis años.

Diana Cianca falleció en el hospital de Cruces, ya que unos familiares suyos, residentes en el País Vasco, a la vista' del progresivo deterioro de su salud, decidieron ingresarla en aquel hospital, donde le fue diagnosticada la causa de su enfermedad.El mismo centro hospitalario.de Cruces extendió días después un certificado médico según el cual Puente, el viudo, y sus hijos, Francisco Javier, de 10 años,'José Ángel, de 8, y Luis Alberto, de 6, carecen de anticuerpos de la enfermedad. Cuando el padre, vecino de Cabezón de la Sal (a cuatro kilómetros de Udías), quiso reunir nuevamente á sus hijos, hoy alojados en casas de parientes residentes en Sestao y Baracaldo y traerlos a Cantabria, una mujer de Udías, Felisa Cosío, de 79 años, soltera, que había criado a Diana Cianca, se ofreció a alojar a los huérfanos abriéndoles las puertas de su casa de Pumalverde, donde su hermano Ángel ejerció de párroco hasta su muerte. La necesidad de escolarizarlos en el colegio local sacándolos del centro de Cabezón se planteó enseguida.

Explicación y rechazo

Una reunión promovida por las direcciones regionales de Sanidad y Bienestar Social del Gobierno autónomo tuvo lugar la semana pasada en Udías. Un médico y una asistenta social informaron al vecindario en torno al origen y causas de contagio del SIDA, así como de la necesidad de incorporar a los pequeños a la población escolar del Ayuntamiento, dado el admirable testimonio de la anciana que deseba acogerlos, como ya había hecho en su día con Diana Cianca.Cinco días más tarde de la reunión, el pueblo de Udías, en gran mayoría, ha mostrado con sus firmas el rechazo a la escolarización.

"El problema lo tiene planteado Cabezón de la Sal", dijo ayer a EL PAIS el concejal del Partido Regionalista de Udías, Antonio García Lavín. "En la reunión del jueves para anunciar la posible venida de los chicos la gente no opinó realmente lo que pensaba. El padre vive en Cabezón, y allí han nacido y estudian los niños. No es Udías la que discrimina a esos huérfanos, sino Cabezón. Nos hubiera gustado oír la opinión del médico de nuestro pueblo,-pero no fue convocado. Debe ser Cabezón y no Udías el que resuelva la cuestión".

Nemesio Puente, el padre, ha mostrado sus deseos de que los niños sean acogidos por la anciana Felisa Cosío, y la diputación regional estaría dispuesta a hacer una aportación económica para facilitar la crianza de los chicos.

El concejal regionalista García Lavín, mostró también su escepticismo durante la conversación, pese a los análisis médicos y las garantías -dadas por los sanitarios que visitaron el pueblo, respecto a que los niños y su padre no sean portadores de la enfermedad, precisando que el problema no se plantearía de haber nacido los-huérfanos en el pueblo y no en la inmediata localidad de Cabezón.

"Que no vengan"

Los 125 niños pertenecientes a las nueve entidades municipales que constituyen Udías se hallan escolarizados en el centro de Pumalverde. "Preferimos que aquí no vengan", declara otro vecino, "pero ojalá que esos chicos estén sanos".Felisa Cosío conoció a Diana Cianca siendo una niña en un hospital, y ante su estado de necesidad se la trajo a casa, donde vivió con ella y su hermano, cura, durante unos 15 años. Felisa se negó ayer rotundamente a hacer declaraciones a EL PAIS. En opinión del alguacil de Udías, es dificil` que una mujer de edad tan avanzada pueda, por mucha voluntad que sea la suya, acoger a tres niños en su casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de marzo de 1987

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