La noche tranquila
La trompeta triste de Kenny Wheeler ha sonado en muchos proyectos de jazz europeo. Su colaboración con el grupo español Onix es, por tanto, muy de apreciar, aunque para entrar en el mundo escolástico de Onix basta con el piano discreto de Lluís Vidal, la buena labor de Zé Eduardo al bajo, y la percusión contenida de Jordi Rossi.Por cosas de la publicidad, uno asocia el nombre de Marlboro con la música vaquera y Los siete magníficos. Pero esta compañía también se ocupa del jazz, y pasea un grupo modestamente llamado Superbanda. Pero en el Alcalá Palace, los supermúsicos tuvieron la noche supercómoda, con lo cual se quedó en humo de tabaco lo que debió ser fuego de un volcán.
Cedar Walton estuvo más que relajado al piano, y cumplió con solos de piloto automático. James Moody ha contado su vida en solos de flauta y saxo tenor, y hasta sus intervenciones más rutinarias tienen siempre algo de autobiográfico. Quien más arriesgó fue el niño prodigio Terence Blanchard, con un cumplido muestrario de recursos y trucos ala trompeta. El batería Smitty Smith sabe también llamar la atención con efectos. Aunque en esto de robar la escena, Ron Carter podría haberles puesto a todos en la calle con sólo echarle la zarpa al contrabajo. Menos mal que el hombre tenía también la noche tranquila.
VII Festival de Jazz de Madrid
Onix, con Kenny Wheeler. MarIboro Superband. Teatro Alcalá Palace. Madrid, 20 de noviembre.
La cantante Barbara Morrison completó el número. Es agradable, pero no el tipo de diva que estos músicos necesitan. Al final, la chica atacó el Stonny monday y, después de que unas rubias guapísimas le dieran un ramo de flores, remató la faena con Everyday. Aquello encandiló al público, que se hartó de pedir otra, otra. Pero qué va. Ni siquiera volvieron a salir las rubias.
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