Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:VII FESTIVAL DE JAZZ DE MADRID

El trompeta exótico y el trompeta excéntrico

El cubano Arturo Sandoval es un gran técnico de la trompeta. Tiene claro quiénes son sus maestros y dedica una canción a su primer profesor y un blues a Dizzy Gillespie.Puede recordar también a Maynard Ferguson, pues se mueve con total seguridad en las alturas más estratosféricas. Posee, sobre todo, una increíble musicalidad natural. Toca el piano con un estilo curioso, mezcla de Oscar Peterson y Chico Marx. Hace cosas difíciles cuando canta scat, pero entonces ya se pone algo pesado. Su gusto es discutible: es capaz de cortar un blues para intercalar una versión horterísima de la Sonata fácil, de Mozart.

Y de Arturo Sandoval, trompeta exótico, a Lester Bowie, trompeta excéntrico. Uno nunca se pierde un concierto de Lester Bowie porque puede haber hasta piñata. Bowie saca a los músicos vestidos de músicos y él mismo ha llenado de lentejuelas su bata blanca. Su espectáculo, Brass Fantasy, lo componen ocho metales, líder incluido, más un batería, Philip Wilson, que vale por un regimiento. Repica y parchea el hombre que es una exageración.

VII Festival de Jazz de Madrid

Arturo Sandoval. Lester Bowie Brass Fantasy. Teatro Alcalá Palace. Madrid, 14 de noviembre de 1986.

Lo mejor que se puede decir de Brass Fantasy es que uno acabaría pronto harto de redobles y pitidos si no fuera por la calidad de los músicos y el acento con que cada uno personaliza sus intervenciones. Destacan los dos trombonistas, Steve Turre y Frank Lacy, y el trompeta Rasul Sidik, de curiosa cabellera estrellada.

Y, claro, el jefe, Lester Bowie, que irrumpe en la música con una gama expresiva que va del estertor agónico al relincho jubiloso. Hace un repertorio tan pintoresco y extravagante como él y rescata tonterías tan entrañables como Personality. Nada menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de noviembre de 1986