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La reforma del impuesto sobre sucesiones suprimirá casi todas las exenciones y elevará los mínimos

Elevar el mínimo exento y suprimir todas o casi todas las exenciones figuran entre las novedades que Hacienda quiere introducir este año en el impuesto sobre sucesiones y donaciones. La duda es si deberán tributar o no los emolumentos pendientes de cobro que dejen los asalariados al morir. El proyecto se adelantará a las reformas de los tributos sobre patrimonio y sociedades, que el fisco ahora pretende dejar para la próxima legislatura.

Entre las tres citadas reformas, Hacienda ha dado prioridad a la ley del impuesto sobre sucesiones y donaciones, proyectada por el Gobierno de UCD en 1978 y que fue abandonada en 1981. El texto está siendo preparado para que lo estudie un próximo Consejo de Ministros. Así ha sido anunciado a la UGT y la CEOE, en la comisión fiscal del Acuerdo Ecómico y Social, emplazada para recibir y analizar el proyecto durante su siguiente reunión.Este proyecto suprime de modo absoluto las numerosas exenciones actuales. El cambio será facilitado indirectamenta por lo que los redactores del nuevo texto consideran su "innovación fundamental" respecto a la ley vigente desde abril de 1967 y al proyecto de UCD: el futuro tributo va a gravar exclusivamente a las personas, dejando a las sucesiones y donaciones en favor de personas jurídicas para el impuesto sobre sociedades.

Según Hacienda, el propósito de suprimir todas las exenciones no tiene motivos recaudatorios, porque su efecto será compensado por "la generosidad y amplitud" que tendrán los mínimos exentos. El mínimo actual está fijado en 10.000 pesetas, por lo que en la práctica es casi nulo. Todavía no ha trascendido el nuevo, pero sí el deseo de ponerlo "muy elevado".

La duda

Sólo podrá librarse la vigente exención sobre los emolumentos devengados y no percibidos por los asalariados en el momento de su muerte. Pero la duda no responde ni al coste que tendría para el Tesoro el mantener la exención, ni al temor de perjuicios económicos para los herederos, sino a lo complejo que resultaría controlar las liquidaciones. Por si acaso, el Gobierno podrá implantar la autoliquidación.Con el paso de las sucesiones y donaciones en favor de personas jurídicas al impuesto sobre sociedades, donde tributarán igualmente como incrementos de patrimonio, el fisco pretende evitar que la simplificación general del nuevo esquema haga recaer sobre ellas los tipos más altos.

Otra novedad importante sobre la vigente ley, aunque no en este caso sobre el proyecto de UCD, radica en que, junto a las herencias y donaciones, será gravado cualquier otro título gratuito. En concreto, Hacienda pagarán los beneficiarios de pólizas de seguros sobre la vida.

La modificación que quizá tenga mayor repercusión recaudaria, en el sentido de reducir los ingresos fiscales, consistirá en no gravar el capital dejado por el causante, sino individualmente el recibido por cada heredero. Este fue uno de los motivos por los que se estrelló definitivamente el proyecto promovido a finales de los setenta por Francisco Fernádez Ordoñez, que también pretendía cobrar en función del patrimonio del heredero.

Aunque el nuevo proyecto busque evitar la polémica, parecen haber tenido dificultades en la valoración de los bienes, para la que se remite en reiteradas ocasiones al impuesto sobre el patrimonio. Mientras para las herencias la base será el valor neto de la participación individual de cada causahabiente, para las donaciones se tomará la diferencia entre el valor real de los bienes o derechos y las cargas o deudas que sean deducibles.

El nuevo texto mantiene el propósito del proyecto de UCD en el sentido de reducir a un máximo de cuatro las siete tarifas vigentes, así como de bajar las tarifas inferiores y elevar casi exponencialmente las más altas.

La recaudación real del impuesto, uno de los cedidos a las comunidades autónomas, ha permanecido estancada durante los últimos años. Sin contar el País Vasco y Navarra, en 1984 fue de 31.086 millones.

Un estudio de la Dirección General de Tributos ha revelado que en España representa cerca de la mitad que en los principales países desarrollados, con excepción de Alemania Occidental. Pero durante la última década ha perdido importancia en Estados Unidos, el país donde habíaa adquirido mayor relevancia, así como en Japón. Por el contrario, ha ganado algo de terreno en Francia y en Italia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de febrero de 1986

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