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CARTAS AL DIRECTOR

Carné, licencia y colegio

Como consecuencia de la ley del Parlamento catalán que crea el Colegio Profesional de Periodistas, se ha incrementado considerablemente el cinismo de algunos medios de comunicación. Incluso se ha pasado del cinismo a la manipulación informativa, sin dar opción al personal que está en medio para enterarse de lo que pasa. Un personal, por cierto, que no puede tener acceso casi nunca a los medios, sobre todo Prensa y televisión, preocupados siempre en mantener una línea editorial determinada y realizando, por supuesto, una cierta selección informativa. Pero también al titulado le resulta difícil trabajar en dichos medios. Hoy día basta con decir que eres licenciado en Ciencias de la información para que el dictador de turno, ya sea de la empresa privada o pública, te mande insolentemente con la música a otra parte. Ni las cualidades personales o profesionales valen ya para nada. La cuestión académica no tiene aquí la menor importancia. No saben los muy necios que, mientras la triste experiencia de las facultades de Ciencias de la Información ha sido positiva, su experiencia cotidiana es todo lo contrario, al coartar el diálogo, la crítica y la posible profesionalidad. Mientras tanto, el intrusismo, incluidos primos segundos, sigue manteniéndose alegremente. Y siguen manteniéndose además las firmas resonantes o interesantes, que trabajan a destajo para multitud de medios. Para los anticolegiados parece más nocivo el colegio que la incompetencia, generada especialmente por aquellos que con título o sin él son incapaces de comunicar nada. Para ellos parece más antiinconstitucional la libertad de los demás que su libertad absoluta.

Evidentemente, no podemos calificar todavía a un colegio que acaba de nacer. Considerar que con la creación de un colegio se limita la libertad de expresión en beneficio de una clase o casta profesional me parece rocambolesco. Considerar que una norma aprobada por un Parlamento autónomo secuestre la libertad de información en beneficio de los colegiados me parece una gran estupidez, divulgada precisamente por quienes están más asociados que nadie.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de noviembre de 1985