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Antoñete, la despedida que no cesa

Antoñete lidió ayer en Las Ventas los dos sobreros del festival del domingo y consumó una etapa más de su despedida que no cesa. Fue un acontecimiento. Minutos antes de las cuatro de la tarde, alrededor de 15.000 personas ocupaban los tendidos, dispuestas a paladear el toreo del maestro.Manolillo de Valencia pidió silencio por la megafonía, pues la lidia sería "en plan tienta", y también benevolencia, ya que la entrada había sido gratuíta. El público obedeció y estaba como en misa. Pero los cuatro feroces puyazos con que el picador tundió al novillito de Cuadri, hicieron hablar hasta a los mudos, y a voces.

La brega de Martín Recio provocaba clamores, mientras la casta del Cuadri impedía al maestro acoplarse. En cambio al noble animalito de Fraile le construyó una faena de su marca; no muy templa da pero sí torera con unos enjundiosos ayudados de firma. La gen te disfrutó, y obligó a Antoñete a dar una triunfal vuelta al ruedo, en la que le aclamó "¡torero!". La dureza y la emotividad de su última temporada reclaman un merecido descanso para el maestro, que no para de torear y de despedirse, víctima del antoñetismo insaciable y de la presión de los organizadores de festivales. Desde que se retiró, le hemos visto más veces que a la familia. Todos esperan que cuaje la faena cumbre, y ha de llegar. Pero eso ya será el año que viene.

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