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El estado de emergencia, huida hacia adelante de los sandinistas

Al menos media docena de interpretaciones circulan por Managua para explicar la decisión del Gobierno sandinista, que preside Daniel Ortega, de ampliar el estado de emergencia en el país centroamericano: desde la que alude a la necesidad de ofrecer al Ronald Reagan en las Naciones Unidas al propio país como rehén a las que ven en la medida la necesidad del régimen sandinista de dotarse de instrumentos para hacer frente a una posible desestabilización. Un enviado especial de EL PAÍS ha visitado recienteniente Nicaragua.

ENVIADO ESPECIALTomás Borge, ministro del Interior y uno de los nueve comandantes de la revolución nicaragüense, había escogido las imágenes más floridas de su repertorio para el discurso del sexto aniversario de la creación de su departamento. Borge había dicho que el Ministerio del Interior "se enfrenta con aquellos sectores protagonistas de la explotación del hombre por el hombre, ubicados, como bandidos armados, como algunos políticos en el Consejo Superior de la Empresa Privada de Nicaragua (Cosep, organización de la patronal), como algunos predicadores, en el contexto de una clave venida a menos que desafinó, si no es que rompió las cuerdas de su guitarra".

Después de advertir duramente a los contrarrevolucionarios y la quinta columna, Borge subió el tono lírico para concluir con una imagen esperanzadora: "Cuando no haya contrarrevolución ni haya imperialismo, los fusiles se pondrán en lugar descansen. Vendrá el reino de la abundancia, el paraíso de los columpios, la fácil respuesta a los rompecabezas, la república de los tractores, de las semillas, de la prosodia perfecta, del espacio en blanco para el llano innocesario, la abundancia del sonido y del color, vendrá el imperio de la equidad y de la distribución de la justicia, el sueño realizado de la leche y la miel".

La televisión sandinista retransmitió el discurso y, al desaparecer la imagen del comandante, apareció un texto sobreimpresionado que decía textualmente: "Porque somos del pueblo, somos imbensibles". Casi resulta ilustrativa la anécdota de la realidad de la revolución sandinista: los dirigentes ofrecen el paraíso terrenal, con las imágenes más floridas de la lengua de Rubén Darío, y a continuacion una pequeña pieza del engranaje destroza el idioma con terribles faltas de ortografía.

El detalle no tiene más trascendencia que un borrón sin importancia como culminación de una retransmisión solemne, pero en otros campos, de la actividad de gobierno la falta de cuadros capacitados es uno de los graves problemas de la revolución sandinista en su sexto año en el poder. Los sandinistas están enfrentados a una guerra que no cesa, a un frente ideológico de oposición en el interior del país que abarca desde la jerarquía católica y los dirigentes de la patronal hasta partidos y sindicatos de ultraizquierda, a una situación económica catastrófica, donde se habla ya: de llegar a los límites de la subsistencia. Por eso los sandinistas han tenido que recurrir a ampliar la normativa del estado de emergencia, para poder dotarse de los instrumentos represivos que les permitan afontar una crisis que puede llegar a desestabilizar el régimen.

En su despacho del Cosep, el presidente de esta organizacion empresarial, Enrique Bolaños, está en vísperas de salir para Bonn, donde asistirá a un coloquio de la fundación democristiana Konrad Adenauer. Bolaños pone gesto de perplejidad y pregunta al periodista. "¿Ustedes me pueden explicar qué es lo que está pasando?".

Bolaños se pregunta si es que "los sandinistas se han adueñado de Nicaragua y pueden hacer lo que quieran". Y, embalado añade: "¿Puedo yo, porque tenga un pleito con un vecino, poner una pistola a mis hijos y decir: 'O me dejas de joder o mato a mis hijos'?. Eso es lo que hizo Daniel (el presidente) en la ONU. Estamos secuestrados. No veo cómo se puede decir en la ONU: 'O ustedes cambian de actitud o yo reprimo a mi pueblo'. Así nos sentimos aquí".

Bolaños y el Cosep son elementos del frente interior, opuesto ideológicamente y que da la batalla al sandinismo. El Gobierno mete al Cosep y a la jerarquía católica, con el cardenal Miguel Obando al frente, en el mismo saco que la CIA (Agencia Central de Inteligencia de EE UU), la contrarrevolución armada y el presidente norteamericano, Ronald Reagan. Bolaños reconoce una coincidencia con la contra: "Somos anticomunistas. Pero nosotros tomamos actitudes cívicas, no armadas".

Borge está convencido, o dice estarlo, de que el sacerdote Bismark Carballo, portavoz de la curia, director-gerente de la emisora Radio Católica y brazo derecho del cardenal Obando, recibe instrucciones directas de una funcionaria de la embajada norteamericaná que trabaja para la CIA.

Borge tiene una alta consideración del trabajo ideológico de que son capaces los sacerdotes. Hace meses afirmó que "la Iglesia es una organización fuerte: tiene sus generales, sus jefes de fuerza de tarea, sus mejores cuadros, universitarios de la teología, expertos en el uso de la palabra, destinados a la lucha ideológica". Y añade: "Ellos no llevan ametralladora, no disparan balas: disparan ideas, pero es un arsenal poderoso".

Acoso de la ultraizquierda

Los sandinistas se sienten acosados también por los llamados grupos de ultraizquierda, a los que acusan de oportunismo, y de aprovecharse de la situación crítica de la economía.Alejandro Solorzano, de 50 años, secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación General del Trabajo (CGT), un sindicato afín al Partido Socialista Nicaragüense (PSN, marxista-leninista), estaba en huelga de hambre, para pedir el pago de un mes de salario, cuando se amplió el estado de emergencia. Solorzano pasó tres días en la cárcel y dejó la huelga, lo que provocó comentarios burlones de dirigentes sandinistas sobre su capacidad de resistencia. Según Solorzano, "el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) es una organización heterogénea, donde no hay coherencia ni homogeneidad. de pensamiento. Hay de todo".

La situación económica, afecta gravemente al régimen, que tiene que emplear más de la mitad de los recursos en mantener la guerra. Nicaragua consigue actualmente menos dólares por sus exportaciones que en tiempos del dictador Anastasio Somoza. La producción ha caído por debajo de la alcanzada en el año 1979, cuando los revolucionarios llegaron al poder.

Éste es el caldo de cultivo para el descontento social, que posiblemente trata de prevenir la medida profiláctica de ampliar el estado de emergencia. Al menos dos embajadores occidentales han mostrado, privadamente, su convicción de que a los sandinistas no les quedaba otra alternativa.

Al jesuita Xabier Gorostiaga, un panameño que dirige el Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas en Managua, no le gusta la medida pero se pregunta: "¿Qué haría Felipe González si Francia y Portugal apoyasen un conflicto armado contra España y permitiesen la agresión de ETA y grupos gallegos y catalanes, si Thatcher armase Gibraltar como base de ataque, y la OTAN y la CEE no le hiciesen caso y no se arreglase nada?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de octubre de 1985