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Crítica:

El 'Mahabharata' de Peter Brook entusiasmó a los profesionales del teatro español

La única sesión completa del Mahabharata de Peter Brook y Jean-Claude Carrière duró, con intermedios incluidos, 12 horas llenas de alimentadas expectativas. Las reacciones de un público que Brook consideraba activo y que había tomado una decisión especial al acudir fueron de entusiasmo y, fundamentalmente, de agradecimiento por haber tenido la ocasión de disfrutar de una obra de arte de tal magnitud. Este entusiasmo era especialmente sentido por los profesionales del mundo teatral español, muchos de los cuales afirmaban haber visto el espectáculo más bello de sus vidas.

El público demostró su entusiasmo con una larga ovación final. Para Peter Brook, la satisfacción fue recíproca, ya que se sintió especialmente halagado por la reacción del público que el sábado acudió a ver la maratón del Mahabharata a los estudios de cine Samuel Bronston, adaptados especialmente para esta representación.Adolfo Marsillach, recientemente. nombrado director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y William Leyton, introductor de las técnicas de Stanislavsky en España, siguieron el espectáculo en una continua actitud física de tensión. Ni siquiera parpadeaban. Marsillach declaró a la salida: "Estoy entusiasmado y maravillado. Es el espectáculo más impresionante que he visto en mi vida, lleno de talento e imaginación. Lo malo es que se queda uno hundido, porque es inevitable preguntarse: '¿Después de esto, qué hago yo?".

William Leyton, que en los primeros momentos después de finalizado el espectáculo se mostraba aturdido, sólo dijo: "Estoy borracho de tantas maravillas. Es increíble. Es el espectáculo más humilde y más grandioso".

La estructura narrativa y el texto fueron destacados de forma especial por el director teatral norteamericano John Strasberg y por la actriz Carmen Maura. José Luis Gómez, que hizo un esfuerzo especial por poder asistir, dado que está ocupado en su próximo estreno de Bodas de sangre en Madrid, declaró: "Es una obra llena de coherencia, que muestra el gran trabajo a lo largo de toda una vida. Es la facilidad del ser, del hacer y del estar. El hallazgo más grande. Brook puede escapar a todas las tendencias porque se pone por encima de ellas".

La actriz Esperanza Roy declaraba sentirse elevada al estado de nirvana: "He estado viviendo la vida como es en realidad y han logrado que me olvide de que era teatro". La dificil sencillez del espectáculo fue destacada por el actor Pepe Martín, quien valoró de forma especial el gran trabajo de concentración de toda la compañía.

Fueron muchas las personas que aguantaron las 12 horas, con casi 10 de espectáculo. Y todas, como el ministro Javier Solana; el director general del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música, José Manuel Garrido; el director del Teatro Lírico Nacional de la Zarzuela, José Antonio Campos, y numerosas personalidades del mundo de la cultura y de la política, salían con la palabra "maravilloso" entre los labios.

Otras, como la reina doña Sofía, su hermana Irene, Carmen Romero, esposa del presidente del Gobierno, que ya acudió a otra representación anterior, y el ministro Fernández Ordóñez, Joaquín Leguina, y los dramaturgos Francisco Nieva y Antonio Gala, a pesar de su satisfac ción por el montaje, sólo pudieron asistir a la primera parte.

Un público activo

Peter Brook, una vez finalizado el espectáculo, declaró estar muy contento con el público español. "Es una obra difícil. El lenguaje de la palabra es muy fuerte, pero es algo muy destructivo para el teatro pensar que ésta es el único soporte, porque no es verdad. Eso eran otras épocas. Hoy se ve que existen cosas diferentes, muchos lenguajes, aunque lo más fuerte sea la palabra. Y yo me encuentro aquí con un público que sigue difícilmente el francés, pero durante casi 10 horas de espectáculo ha comprendido, ha entendido con el sentimiento y con el corazón, y para nosotros esto es lo más importante. Cuando no me puedo comunicar con la palabra, hay otros medios, y ello depende de los actores y del público. El público que viene a una maratón no es un público pasivo, ya que ha tomado una decisión, es activo, y puedo decir que esta noche ellos y nosotros hemos trabajado juntos". Brook, que desde hace años sigue las enseñanzas filosóficas de Gourdieff y Ouspensky, no quiere ver mezclado este aspecto de su vida con su teatro. "Para mí la obra de Gourdieff y de Ouspensky es una cosa muy importante. Es un camino abierto para una evolución científica y concreta de la vida interior. El teatro no es la misma cosa: es un instrumento para comprender mejor la vida, y no se puede mezclar algo muy íntimo para cada individuo como es su evolución interior y su relación interior con las energías más delicadas y finas y el trabajo con el teatro. Como el teatro es un reflejo de la realidad, está claro que se puede encontrar en él una demostración de todas las realidades. Hay grupos que hacen trabajos con actores utilizando técnicas de la práctica de la vida y de métodos espirituales, y esto es algo muy peligroso. Para mí hay una separación absoluta entre algo que es muy serio, muy grave y muy profundo, y el teatro, que, finalmente, no es más que una imitación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de octubre de 1985