Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Estreno mundial del último filme de Akira Kurosawa

El director japonés afirma que 'Ran' es la película de su vida

Akira Kurosawa está aburrido de que todo el mundo considere Ran, su última película, como su testamento. "Yo he dicho que es la obra de mi vida, pero no mi última obra. Para mí", declara, "es precisamente lo contrario, un punto de partida, el comienzo de una nueva época, porque ahora puedo desprenderme de algo que me tenía obsesionado". El estreno mundial de Ran constituyó un gran acontecimiento. La película, producida con la ayuda de Serge Silbermang (el productor de Luis Buñuel) y el Gobierno francés, fue exhibida en una pantalla gigante, colocada en la fachada del Centro Pompidou, en pleno centro de París.

Varios ministros, decenas de artistas y centenares de invitados ocuparon una zona reservada en la plaza. Los jóvenes que normalmente utilizan la explanada del Pompidou como centro de reunión se agolparon frente a las barreras y protestaron ruidosamente, a lo largo de toda la proyección, porque se les prohibía la entrada.Akira Kurosawa, que asistió al acto y que recibió de manos de Louis Malle un premio especial del Festival de Cannes, comentó con buen humor: "Ese ruido es demasiado fuerte".

"He esperado casi 10 años para poder realizar Ran", explica el director de cine, de 75 años de edad. "Empecé entonces a estudiar la época, el siglo XVI, y a preparar los bocetos, los dibujos sobre el vestuario y los escenarios, pero hasta hace sólo dos años no encontré productor".

La película es una de las más caras realizadas fuera de los circuitos norteamericanos: cerca de 12 millones de dólares (unos 2.136 millones de pesetas).

La réplica del castillo medieval, construido en piedra y madera, que arde hasta los cimientos costó, ella sola, más de un millón y medio de dólares (267 millones de pesetas, aproximadamente).

La historia de los colores

Akira Kurosawa cuenta cómo preparó cuidadosamente todos los detalles, y muy especialmente el color. "Quería reproducir los colores del siglo XVI japonés, una época en la que el vestuario de los hombres era especialmente brillante".La tarea resultó muy difícil, entre otras cosas porque entonces se utilizaban tintes naturales y ahora son químicos. Los bocetos, que se exhiben en el mismo Centro Pompidou como una exposición de pintura, muestran hasta qué extremo el director de cine fue exigente.

"En la batalla", prosigue Kurosawa, "atribuyo un color a cada una de las partes enfrentadas, porque ayuda a hacerlo menos confuso, pero a la hora de elegirlos pensé también en los caracteres que representaban. El hijo mayor utiliza el amarillo, un color que no es neto, como su propia personalidad".

"Las tropas de Saburo, el pequeño, llevan banderas azules, en un tono que produce la calma. Había que encontrar el tipo de color que correspondía mejor a cada uno, el tono concreto. El rojo de Jiro, por ejemplo, es muy particular". En algunos momentos, y para obtener el efecto justo, se vio obligado a utilizar luces coloreadas.

La música, un poco malheriana, según reconoce el director, tuvo también una gran importancia. "El compositor Toru Takemitsu es un hombre de talento, con una fuerte personalidad, pero en el cine el músico tiene que ajustarse a la vo. luntad del realizador. Yo le explicaba cómo había sido el rodaje de la película y discutíamos hasta ponernos de acuerdo sobre la banda sonora".

La estupidez de las guerras

Kurosawa es, probablemente, uno de los mejores especialistas en el Japón del siglo XVI. "Por comparación con otras épocas", afirma, "aquélla fue una etapa más libre, en la que los hombres estaban menos controlados. Si a un samurai no le gustaba su señor, podía abandonarlo. Fue una época en la que el carácter de los hombres se podía desarrollar, una época en la que yo puedo ahora pintar las personalidades que me gustan o interesan. Además, en el siglo XVI existía también un gran sentimiento estético. Los hombres se preocupaban por la belleza, querían rodearse de objetos hermosos".En el vestuario de Ran hay ideas personales del director, pero en la mayoría de los casos se trata de reproducciones de modelos auténticos. "Hay quimonos de esta época todavía más vanguardistas y osados que los que yo elegí", dice Kurosawa.

La película está inspirada en latragedia de Shakespeare El rey Lear, pero nació como una reflexión sobre Motonari Mori, un señor feudal japonés al que la unificación de su país cogió demasiado viejo como para jugar un papel decisivo. "Ran es una tragedia sobre el poder, sobre la ambición y la estupidez de los hombres que luchan y guerrean", prosigue su director.

Kurosawa no cree que su película deba considerarse como un análisis de la ingratitud o de la descomposición, incluso fisica, de una fuerte personalidad.

"No estoy de acuerdo tampoco con quienes afirman que hay una cierta influencia judeocristiana, en cuanto tragedia del remordimiento. Esa idea es también japonesa. Para nosotros, siempre se paga por lo que se ha hecho, siempre se vuelve y se hace balance".

La interpretación de los actores", explica el director japonés Kurosawa, "no está relacionada con el teatro clásico japonés. Los movimientos de los personajes están condicionados, pero no por reglas teatrales, sino por el formalismo y el código de la buena educación del siglo XVI. Todo estaba reglamentado, cómo sentarse, cómo moverse, dónde colocar el sable...".

La escena en la que la dama Kaede presenta a su cuñado el casco de su marido asesinado exigió varias semanas de preparación porque previamente hubo que enseñar a la actriz cada movimiento, obligarla a poseer un dominio perfecto de cada uno de sus gestos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de septiembre de 1985