Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Control de armamento y SDI

PAUL NITZELa iniciativa de defensa estratégica -o SDI, más conocida como guerra de las galaxias- no se opone a los acuerdos sobre proyectiles antibalísticos firinados entre Estados Unidos y la Unión Soviética en las conversaciones SALT 1, de 1972, arguye el autor de este trabajo. Por el contrario, estima que aquellos acuerdos ya están desfasados en buena medida, han y sido infringidos, con lo que el camino está abierto para una buena negociación, a cuya aceptación exhorta a los soviéticos.

( ... ) El control de armamentos y la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) formulada por el presidente Ronald Reagan son las cuestiones que hoy polarizan a la opinión pública y el foco de atención tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Por ello resulta interesante examinar el programa de la SDI y, en especial, examinarlo en su relación con el Tratado sobre Proyectiles Antibalísticos (ABM) de 1972.El ABM fue producto tras unas arduas negociaciones de tres años con la URSS, desarrolladas en el marco de las converaciones SALT I. Uno de los factores principales que contribuyeron al acuerdo fue la conclusión con que se saldó un importante debate habido en EE UU a finales de los años sesenta acerca de las ventajas y la viabilidad de la defensa estratégica. Según dicha conclusión, la tecnología entonces existente no ofrecía perspectivas para crear una defensa contra proyectiles balísticos que no pudiera ser superada -a un coste significativamente menor- por nuevos incrementos de los dispositivos ofensivos del otro lado.

Ello creó entre nosotros la preocupación de que el despliegue por ambos lados de sistemas ABM relativamente ineficaces pudiera inducir a una proliferación de fuerzas nucleares ofensivas, esto es, un ciclo de acción / reacción que abocara a una elevación de los ni veles de armamento ofensivo. Pero pensábmos que, en contra partida, las limitaciones convenidas sobre los sistemas ABM podrían propiciar reducciones de las fuerzas de proyectiles ofensivos y limitaciones considerables de éstas. Estábamos, pues, en disposición de negociar limitaciones bastante rigurosas sobre los sistemas ABM, como medida que habría de facilitar unas restricciones comparables sobre los sistemas ofensivos.

Las limitaciones del ABM

El Tratado sobre Proyectiles Antibalísticos incorpora limitaciones de esa clase sobre los sistemas de misiles antibalísticos. Prohíbe la existencia de una defensa territorial ABM y permite, sólo bajo condiciones muy xigurosas, la creación, experimentación y despliegue de elementos de defensa ABM fijos con base en tierra, como radares, proyectiles interceptores y rampas de lanzamiento. ( ... ).

Estimo, pues que el Tratado ABM es en su conjunto un acuerdo valioso y equitativo. Pero, por desgracia, ha sufrido un desgaste a lo largo de los últimos 13 años. Desde 1972, la Unión Soviética ha realizado una serie de actos incompatibles con lo que el tratado dispone, o incluso en franca violación de éste ( ... ).

Al propio tiempo, no hemos podido alcanzar las reducciones y limitaciones relativas a las armas nucleares ofensivas -que efectivamente constituía una premisa del Tratado ABM- ya previstas por el tratado en el momento de su firma, en 1972. Como consecuencia de ello, las fuerzas nucleares ofensivas estratégicas son bastante mayores en la actualidad que entonces.

Son varios los factores que han conducido al reexamen de nuestro planteamiento de la defensa estratégica. La primera es la importancia de los acuerdos SALT para favorecer y mantener una situación equitativa y estable en el campo de las armas nucleares ofensivas. La URSS no ha dejado de avanzar en todos los parámetros más indicativos del poderío estratégico.

Desde el año 1972, si bien en general ha respetado las limitaciones cuantitativas sobre medios de lanzamiento previstas en el ya expirado Acuerdo Provisional sobre Armas Ofensivas y en el Tratado SALT II -no ratificado-, la URSS ha cuatriplicado el número de cargas explosivas de sus proyectiles balísticos estratégicos.

Y, por añadidura, ha multiplicado por 10 la capacidad de ataque de sus fuerzas de misiles contra blancos militares de alta resistencia. Ello constituye una amenaza grave y desestabilizadora contra nuestras fuerzas de respuesta.

El segundo factor es la firme convicción del presidente Reagan de que, si bien la disuasión basada en la amenaza de respuesta nuclear ofensiva ha de constituir para el futuro previsible la base de nuestra política de seguridad, no debemos contentarnos con reducimos a ese planteameinto a perpetuidad. El presidente inquirió si no sería posible encontrar una vía para alcanzar una meta más diáfana en el futuro, un estadio en el que la disuasión estuviera fundada más en la capacidad de defensa que en la de una respuesta que causaría una devastación pronosticable y trágica.

El tercero de los factores es de carácter eminentemente tecnológico. Se han hecho grandes esfuerzos en muchos ámbitos relacionados con la defensa contra misiles balísticos, en busca de avances en la técnica de los sensores, en microelectrónica y en el proceso de datos, entre otros medios

Esos tres factores son los que condujeron al presidente al anuncio a pyincipios de 1983 de su Iniciativa de Defensa Estratégica. La SDI es un programa de investigación con el que se persigue averiguar la viabilidad de nuevas tecnologías de defensa, tanto basadas en el espacio como en la tierra.

Este programa proporcionará información y datos básicos, para que una futura administración norteamericana pueda tomar una decisión informada, quizá en el próximo decenio, sobre si pasar o no de una posición como la actual en materia de disuasión aotra que, combine los aspectos ofensivo y defensivo y descanse en éste en mayor grado que ahora lo hace.

Si la SDI demostrase que son practicables las nuevas tecnologías de defensa, esto es, capaces de sobrevivir a un ataque y rentables, creemos que los intereses tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética quedarían mejor satisfechos con.el desplazamiento hacia un equilibrio asentado en mayor medida en la vertiente defensiva. Un dispositivo de defensa estratégica capaz de sobrevivir y rentable podría complicar hasta tal punto los planes de un potencial adversario para desencadenar una salva ofensiva, que al final no podría plantearse en serio un ataque así.

En una perspectiva de tiempo más larga, los dispositivos estratégicos de defensa podrían constituir el medio por el cual tanto Es tados Unidos como la Unión Soviética podrían proponerse efectuar reducciones extraordinariamente serias y hasta la definitiva eliminación de las armas nucleares.

Programas compatibles

Que la Iniciativa de Defensa Estratégica es incompatible por principio con el Tratado ABM es una conclusión que no responde ni a las intenciones ni a la historia de negociación de dicho acuerdo.

En primer lugar, como ya queda dicho, la SDI es un programa de investigación. El Tratado ABM contiene restricciones aplicables a la construcción, experimentación y despliegue de sistemas ABM. Pero no ocurrelo mismo con lo que se refiere a la investigación, que no queda limitada en modo alguno ( ... ).

El Tratado ABM, por añadidura, no pretendía convertirse en un tratado petrificado, pues la idea era la de un acuerdo vivo, que contase con las circunstancias futuras y pudiera adecuarse a ellas, tanto más cuando habría de tener una vigencia ¡limitada.

Se incorporaron al tratado cláusulas pensadas para permitir su modificación. Y ello obedecía en parte al hecho de que ambos lados, incluso en 1972, preveían la posibilidad de cambios en la situación estratégica, incluida la posibifidad de aparición de. nuevas tecnologías de defensa ( ... ).

El mismo lenguaje del tratado demuestra a las claras que se preveía esa posibilidad de aparición de nuevas tecnologías. La redacción. del artículo 2, en el que se definen los sistemas ABM como "sistemas actualmente compuestos" por misiles interceptores, lanzadores y radares ABM, evidencia que se preveían futuros tipos de sistemas y componentes ABM que el tratado permitiría.

El hecho de que ya en 1972 se preveía la posibilidad de sistemas nuevos se deduce claramente de la redacción de la Declaración Acordada D, que reconoce la posibilidad de que se pudieran crear en el futuro nuevos sistemas ABM ba sados en "otros principios. físicos" y que prevé la celebración de consultas dirigidas a la posible en mienda de las restricciones del tratado sobre sistemas de esa clase, previamente a su puesta en servicio.

El Tratado ABM, en suma, permite a cada una de las partes libertad de iniciativa en materia de investigación. Los redactores del tratado también previeron que podrían crearse ciertos tipos nuevos de sistemas ABM, y el tratado mismo cuenta con la posibilidad de cambios y prevé el mecanismo con arreglo al cual ha de negociarse y llegarse a acuerdos sobre tales cambios. Se pretendía que el tratado fuera adaptable a nuevas circunstancias y que no encerrase a EE UU y a la URSS en una relación estratégica que pudiera resultar menos estable y menos deseable que otras posibilidades que pudieran aparecer en un momento futuro.

Desde este punto de vista, el programa de investigación que la URSS está llevando a cabo no es incompatible con el tratado, como tampoco lo es la SDI. El tratado admite la realización de programas de ese tipo y su posible enmienda siempre que la investigación de alguno de los dos lados indicar a la posibilidad de una incorporación efectiva de nuevos sistemas defensivos en la relación estratégica.

Si las nuevas tecnologías de defensa se revelasen viables, cosa que no sabremos todavía en algunos años, es intención de EE UU seguir adelante de conformidad con los procedimientos convenidos en el Tratado ABM. El presidente Reagan ha hecho patente que pretendemos respetar plehamente ese acuerdo y que toda decisión futura relacionada con el despliegue de sistemas de defensa contra misiles balísticos no permitidos por el Tratado ABM será materia de consultas y, si procediera, de negociación con la URSS de conformidad con las condiciones del tratado.

Diálogo con la URSS

Ello no supone la existencia de un veto soviético sobre nuestros programas de defensa; antes bien, nuestro compromiso de negociación responde al reconocimiento de que, de ser viables unos nuevos medios defensivos y de ofrecer éstos la posibilidad de contribuir a la estabilidad, tanto nosotros como los soviéticos tendríamos que avanzar conjuntamente, de una forma convenida.

Para asentar los cimientos de un planteamiento tal, ya hemos ofrecido incluso dialogar con la URSS en Ginebra sobre las posibles repercusiones de las nuevas tecnologías de defensa en la estabilidad estratégica y en el control de armamentos. Hicimos esta oferta en la primera ronda de las negociaciones de Ginebra en relación con las armas nucleares espaciales y seguiremos defendiéndola en la segunda ronda que ya ha comenzado.

Exhortamos a la Unión Soviética a que cese en su torpe rechazo de esta oferta y a que, en cambio, la asuma como punto de referencia. Si así lo hiciera, crearía la oportunidad de mantener el diálogo detallado sobre la relación entre los aspectos ofensivo y defensivo habida desde 1972, lo que sería de la mayor utilidad para ambos lados.

En suma, pues, con el programa de investigación de la SDI nos hemos propuesto la meta de determinar la viabilidad de unos posibles medios defensivos de nuevo tipo. Pero pretendemos hacerlo con respeto al régimen del tratado convenido por EE UU y la URSS en 1972. Y, con ese objetivo presente, estamos dispuestos a dialogar con la URSS sobre sus finalidades y sus consecuencias.

Paul Nitze es consejero especial del presidente y del secretario de Estado norteamericanos en materia de control de armamentos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de agosto de 1985