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Crímenes

Estoy en el Bierzo conferenciando un poco y el alcalde de Igüeña me invita a que me meta en la zona minera para ver crímenes ecológicos. De todos los cadáveres, los ecológicos son los más sufridos, ni siquiera su muerte tiene un dramatismo facial preconcebido. Una furgoneta llena de alcaldes, concejales y escritores bercianos corresponsables de una nueva revista sube hasta el lugar del crimen. Se trata de las hoyadas dejadas por explotaciones mineras a cielo abierto. Montañas deslomadas, hendidas, arrasadas, desmenuzadas, con las carnes flojas expuestas a la acción del viento y el agua, las vertientes desorientadas, malos caminos mutilados, una boca desdentada abierta a los cien jinetes de la erosión y la degradación del paisaje.Por lo visto, más al norte, ese norte quimérico siempre en España, las explotaciones mineras a cielo abierto tienen una servidumbre ecologista: remediar en lo posible el daño causado al medio ambiente, ayudar a cicatrizar el paisaje. Pero con la crisis económica y laboral al fondo, la explotación depredadora impone la ley de lo tomas o lo dejas en una comarca deprimida que empieza a saborear las hieles de los nuevos sistemas de contratación temporal, que con el tiempo dejará la secuela de centenares de mineros silicóticos, sin las ventajas que hasta ahora tenía la contratación estable.

Terrenos movedizos para esta furgoneta que atraviesa el lugar del crimen y para los jeeps que transportan mineros eventuales y caen a las barrancas, sumando cuatro muertos al censo del triste heroísmo de ganarse el pan con el sudor de la muerte. Hace algunas semanas un jeep se fue ladera abajo. Cuatro trabajadores se murieron de muerte innatural; tres contra su voluntad, el otro no pudo resistir los dolores de la columna vertebral rota y se quitó la vida y con ella el dolor. La compañía explotadora tuvo un comentario digno epitafio para esta época: "Son malos tiempos éstos de crisis y hay que estar a las verdes y a las maduras". La vida humana tiene menos valor en tiempos de crisis. E igual ocurre con el paisaje. O trabajo o naturaleza. Y sobre el lugar del crimen, la cucaña de la supervivencia resbaladiza y tópica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de julio de 1985.